<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0' version='2.0'><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843</atom:id><lastBuildDate>Wed, 30 May 2012 12:25:36 +0000</lastBuildDate><category>geografía literaria</category><category>universo friqui</category><category>Elvis y compañía</category><category>visitas al trasmundo</category><category>literatura y suciedad</category><title>Zapatos de ante azul</title><description>"Zapatos de ante azul" es una aventura literaria por territorios fronterizos con música de Elvis de fondo.</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>54</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-517059393423711249</guid><pubDate>Mon, 21 May 2012 08:00:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-05-21T01:00:23.946-07:00</atom:updated><title>Distopías (2)- "1984"</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: x-large;"&gt;&lt;b&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-He79KFyQrLY/T7nyerTJKJI/AAAAAAAAAX4/_4iLjMg_n_8/s1600/orwell" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://4.bp.blogspot.com/-He79KFyQrLY/T7nyerTJKJI/AAAAAAAAAX4/_4iLjMg_n_8/s400/orwell" width="210" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &lt;span style="font-size: large;"&gt;&amp;nbsp;Casi treinta años después del horizonte de ficción que imaginó Orwell en "1984", la lectura de la novela ha perdido el extraño desasosiego que nos produce el enfrentamiento con visiones futuristas distópicas. Tanto en lo político como en lo económico, en lo estratégico, lo tecnológico o lo social Orwell erró en sus predicciones. Incluso en lo iconográfico se equivocó, pues si damos a 1984 el valor de un futuro próximo en el que ya estamos instalados, esa pilosa metonimia del poder que es el mostacho de mando ya solo señorea tímidamente bajo las narices de Bachar&amp;nbsp; al Asad y de las de algún tiranuelo caucásico; y los ojos que nos buscan la mirada desde cualquier rincón de la ciudad no son los del Gran Hermano, sino los de modelos de anuncios de perfumes y ropa interior. Y, sin embargo, a pesar de las divergencias entre la realidad y la ficción, uno lee esa historia de rebeldía y sometimiento como si no pudiese sustraerse a la certeza de que la lucha de su protagonista no nos es en absoluto ajena.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; Hay, pues, en la novela un distanciamiento y una identificación. El primero tiene que ver con las grandes estructuras sociales y económicas que allí se presentan: la guerra continua y la política de escasez como medio de perpetuación de una sociedad jerárquica de castas; el miedo, la delación, el fanatismo, la supresión de la historia y la "neolengua" como pilares de un sistema de valores para el que la mayor de las herejías es el sentido común. Paradójicamente este distanciamiento con nuestro presente va de la mano de una aproximación hacia el presente de Orwell, el de la Europa convulsa de antes y durante la Segunda Guerra Mundial. De ahí que se haya escrito que "1984" es una &lt;b&gt;ucronía&lt;/b&gt;, es decir un desarrollo narrativo a partir de la alteración radical de unos hechos históricos. Es fácil, por tanto, ver en ella alusiones al stalinismo, como la omnipresencia del partido, las purgas masivas, las detenciones preventivas, la revisión del pasado... O, en un ámbito más concreto, la identificación de Goldnstein con Trotski. Pero también con el nazismo: la continua vigilancia de las "telepantallas" es un trasunto de la obsesión de Goebbels por instalar altavoces en las calles para que nadie pudiera perderse las palabras nutricias del Führer; mientras que la "neolengua", ese nuevo idioma surgido de la necesidad de encontrar un vehículo lingüístico perfecto para el pensamiento del partido, es un calco de lo que Victor Klemperer llamó la "LTI" -lingua tertii imperii- en un estudio imprescindible sobre la jerga oficial del Tercer Reich donde leemos: &lt;i&gt;Las palabras pueden actuar como dosis ínfimas de arsénico: uno las traga sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno, y al cabo de un tiempo se produce el efecto tóxico. Si alguien dice una y otra vez "fanático" en vez de "heroico" y "virtuoso", creerá que, en efecto, un fanático es un héroe virtuoso y que sin fanatismo no se puede ser héroe". &lt;/i&gt;En "1984", al igual que en el Tercer Reich, esos trueques se convierten en consigna: "La guerra es la paz", "La libertad es la esclavitud" y "La ignorancia es la fuerza".&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/i&gt;Con todo, más allá del futuro imperfecto que se&lt;i&gt;&amp;nbsp;&lt;/i&gt; temió Orwell y del trágico pasado que lo inspiró, "1984" sigue manteniendo hoy no solo su valor literario, sino su vigencia como alegato contra los totalitarismos y advertencia contra un progreso técnico que puede conducir a la limitación de la libertad. Quizás el error de Orwell fue considerar que el totalitarismo del futuro sería político en vez de financiero, pero los lectores de hoy pueden obviar la confusión y dejarse inquietar cuando, por ejemplo, leen que las preocupaciones de los "proles" eran el fútbol, la lotería y la ginebra. A fin de cuentas, si alguien en Europa puede entender bien lo de las castas y asustarse de ver los bigotes al Gran Hermano somos nosotros y nuestros amigos griegos y portugueses, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-517059393423711249?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2012/05/distopias-2-1984.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-He79KFyQrLY/T7nyerTJKJI/AAAAAAAAAX4/_4iLjMg_n_8/s72-c/orwell' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-8384586620496176970</guid><pubDate>Mon, 07 May 2012 15:16:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-05-07T08:25:24.742-07:00</atom:updated><title>Distopías (1)</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-Ki8GHW2kB1Y/T6ZXzi8t_JI/AAAAAAAAAXQ/mbWlkN70PYw/s1600/sci-fi-city.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://1.bp.blogspot.com/-Ki8GHW2kB1Y/T6ZXzi8t_JI/AAAAAAAAAXQ/mbWlkN70PYw/s400/sci-fi-city.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt; &amp;nbsp; &amp;nbsp; Wikipedia:&amp;nbsp; "una &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Distop%C3%ADa"&gt;&lt;b&gt;distopía&lt;/b&gt;&lt;/a&gt;, llamada también &lt;b&gt;antiutopía&lt;/b&gt;, es una utopía perversa donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Desde que Stendhal escribió lo de que "la novela es un espejo que se pasea por el camino" la capacidad proyectiva de ese espejo se ha fragmentado, enturbiado, multiplicado, velado o desvelado tanto, que es difícil encontrar hoy una frase acertada que actualice aquella. Hay críticos incluso que, tomando la abundancia por agotamiento, han cantado el gorigori de la novela, pero lo cierto es que la vitalidad del género queda fuera de toda duda. Ayer era la novela histórica, hoy la novela negra, mañana quizás esa variante de la ciencia-ficción que es la novela prospectiva, en la que el espejo se curva sobre sí formando una bola de cristal desde donde el lector se asoma a la contemplación de un futuro posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;En 1947 &lt;b&gt;George Orwell&lt;/b&gt; situó ese futuro a 37 años vista, en "1984". Hoy los plazos se han acortado mucho: el presente corre tan deprisa que a veces uno lee una novela de ciencia-ficción y le pasa como cuando tropieza en la tele o en internet con alguna de aquellas series futuristas de los setenta, en las que parece que los trajes de los astronautas estaban confeccionados con papel Albal y los robots con biombos de Dixán. Y, sin embargo, a pesar del apolillado tecnológico, cuando sus historias se imponen a sus decorados, esas obras mantienen su poder de fascinación. Lo mismo que hoy: más allá del software, del hardware, de la criogénesis, de los replicantes, del crecepelo universal, de las mutaciones y de las pistolas de rayos, es la organización social que se revela en esos mundos el meollo de sus visiones de futuro. En principio dos son las direcciones que ofrece la mirada prospectiva: la utopía y el apocalipsis. Desastres nucleares, ecológicos, infecciones víricas, ataques bioterroristas, guerras mundiales o interplanetarias son con frecuencia el punto de arranque de nuevos mundos, aunque a menudo esa causa primera la desempeñan los avances científicos, sobre todo en los campos de la ingeniería genética y la informática. Al respecto, dos novelas bien conocidas, "La isla del doctor Moreau", de &lt;b&gt;H.G. Wells&lt;/b&gt;, y "Neuromante", de &lt;b&gt;William Gibson&lt;/b&gt; -publicada en 1984 para deleite de los amigos de la numerología-, ilustran bien cómo el presente ha acelerado el paso pisándole los talones e incluso adelantando al futuro ficcional que en ellas se desarrolla. Separadas por 98 años, en ambas. además, se aprecia una característica muy extendida en el género: la aberración en lo social que acompaña al progreso en lo tecnológico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;b&gt;Julio Verne&lt;/b&gt; vislumbró la deshumanización que amenazaba tras la hipertrofia de la técnica y el progreso, pero su "París en el siglo XX" tardó más de ciento treinta años en publicarse, cuando ya su profecía tenebrosa se había transformado en una crónica costumbrista. Para justificar el rechazo &lt;b&gt;&lt;a href="http://www.jverne.net/cartas/hetzel-verne.htm"&gt;Hetzel&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;, su editor, había interpretado el gusto de los lectores de su época, para quienes aquella ficción repleta de vehículos, anuncios, electricidad y sistemas potentísimos de comunicación les hubiera resultado demasiado siniestra. Probablemente no le faltaba razón. Si se relee, por ejemplo, el inicio de "Viaje al centro de la Tierra" uno encuentra ahí una calidez de salita de estar que invita al lector a arrellanarse a gusto en el sillón y a meterse en la novela con toda familiaridad, como si estuviese en la misma casa. Pero de qué otra manera si no iba uno a acompañarle a la luna, al fondo del mar o a dar la vuelta al mundo a toda prisa, ¿no? En fin, veamos el texto: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;i&gt;El domingo 24 de mayo de 1863, mi tío, el profesor Lidenbrock, volvió precipitadamente a su casita, situada en el número 19 de Königstrasse, una de las calles más antiguas del barrio viejo de Hamburgo.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;i&gt;Marta, la criada, debió de pensar que iba muy apurada de tiempo, pues la comida apenas empezaba a hacerse en el fogón de la cocina.&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/i&gt;Supongamos ahora que el regreso del profesor fuera el arranque de una distopía escrita ayer por la tarde:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El mecanismo de apertura de la cápsula resonó en mi cabeza como un crujido de cristales rotos. Era evidente que Lidenbrock no esperaba encontrarme allí. Mencionó algo del contrato y me sacó a rastras. Caí desplomado sobre el suelo y noté un hilillo de sangre en los labios&lt;/i&gt;. &lt;i&gt;La criada debió de pensar que estaba hasta el culo de metedrina y maldijo no haberme echado a tiempo de cambiar el futón, empapado de vómito y orín.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/i&gt;También se hubiera podido incluir una escena de sodomía y abundar en la cochambre de una espacio mínimo, pero creo que la comparación con el texto de Verne ilustra varias características de las distopías desde "Neuromante" hasta aquí (menciono de paso tres títulos sobre los que quizás me extienda en próximos artículos: "Tocando fondo", de &lt;b&gt;Cory Doctorow;&lt;/b&gt; "El día del oprichnik", de &lt;b&gt;Vladimir Sorokin&lt;/b&gt;, y "Hierático", de &lt;b&gt;Francisco Javier Pérez&lt;/b&gt;). En primer lugar, la falta de sobrinos; en segundo, la supresión de las comidas; en tercero, el abuso de drogas; en cuarto, el contraste entre la enormidad del espacio urbano y la estrechez del espacio privado; y en quinto, la jerga y el exabrupto. La conjunción de todos ellos en relación al protagonista dibuja un personaje que no está lejos del prototipo romántico: solitario, rebelde, inadaptado y cínico. Sin embargo, no hay heroísmo ni rastro de aura trágica, porque, a diferencia de los protagonistas de las grandes distopía fundacionales -"Nosotros", de &lt;b&gt;Zamiatin&lt;/b&gt;, "1984" o "Farenheit 451"-, no hay enfrentamiento radical contra el mundo, a lo sumo un par de hostias por aquí y por allá; ni siquiera la muerte aparece como un destino fatal, porque ese es un problema que ya está resuelto en esas sociedades. En este sentido no se puede hablar tampoco de supervivientes, puesto que todos lo son. En esas circunstancias el gran desafío de los habitantes de muchas de las distopías está desprovisto de trascendencia: es el aburrimiento. &amp;nbsp; &lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-8384586620496176970?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2012/05/distopias-1.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-Ki8GHW2kB1Y/T6ZXzi8t_JI/AAAAAAAAAXQ/mbWlkN70PYw/s72-c/sci-fi-city.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-6522204710645425359</guid><pubDate>Sun, 22 Apr 2012 14:33:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-04-22T07:33:32.010-07:00</atom:updated><title>La muerte de un elefante</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-0rwg9KNX04s/T5QTBigD9XI/AAAAAAAAAW8/vlA4zE67VOs/s1600/elefante3.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="276" src="http://1.bp.blogspot.com/-0rwg9KNX04s/T5QTBigD9XI/AAAAAAAAAW8/vlA4zE67VOs/s400/elefante3.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&amp;nbsp; M&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;ucho antes de que cualquier guerrero masai soñara con elefantes, cuando desde los fríos valles del Neander hasta las estepas rusas ramoneaban los ancestros lanudos de esos paquidermos, los cazadores que al acecho se atrevían con esos colosos se encomendaban a sus dioses y, si culminaban su empresa, compartían la carne con toda la tribu, utilizaban la piel para abrigo, con los huesos fabricaban herramientas, y tinturas con su grasa. A veces labraban dibujos en sus colmillos o tallaban la figura del mamut en un acto que expresaba el reconocimiento al poder del animal y la gratitud a los dioses y a los hombres por su caza. Pero allá por el 9000 antes de Cristo, los cambios climáticos que inauguraron la era posglacial marcaron el inicio del final de los mamuts. Con el calorcito los hombres abandonaron las cavernas por campamentos y, con el pasar de los tiempos, domesticaron al perro y a la cabra, aprendieron a cultivar cereales, surgió la alfarería, se desarrolló la metalurgia, se crearon núcleos urbanos y se inventó la escritura. Lo que sigue es ya la Historia, cosa sabida, pues: se inventaron los llaveros, los encendedores, los abrelatas para zurdos y los teléfonos móviles. La civilización, en una palabra. &amp;nbsp;El mercado laboral se abrió a nuevos oficios, como los de administrativo, tendero y viajante de comercio.&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;A los herederos de los mamuts el calor y la civilización les hizo correr suertes diversas. Se mudaron al sur, perdieron su abrigo de lana y se dejaron crecer las orejas. Su piel se convirtió en una especie de cartón piedra que no servía ni para fabricar suelas de alpargata, y su carne, tan correosa, fue sustituida en la dieta de los hombres por otras más sabrosas y de más cómodo suministro. En Asia los contrataron los gremios del transporte y de la madera. En África, en cambio, con algunas salvedades ilustres, fueron autónomos y se beneficiaron de su ineptitud para los sectores de la alimentación, la marroquinería, la ropa y el calzado. Pero la decoración y, más tarde, el turismo cinegético, ambos en sus vertientes suntuarias, acabaron con su plácida existencia. No obstante, mucho antes de eso la estampa y las facultades físicas del animal determinaron su valor simbólico en diferentes culturas. En la India el elefante es la representación de Shiva como rey, y sus atributos son la paz y la prosperidad, dones que extiende a quienes lo invocan. De ahí que en muchos estantes y vitrinas de nuestros hogares a menudo se estabulen figuritas de estos proboscidios con la trompa levantada. Con el cuerpo de hombre y la cabeza de elefante representa a Ganesha, que es, al mismo tiempo, símbolo del conocimiento y representación del principio y del fin. Pero si hay un valor simbólico que sobresale hoy sobre los demás, cuando aún tenemos en la retina las imágenes indecentes del jefe del Estado con unos ricos posando ante su cadáver, es aquel que se le reconoce tanto en la India como en el Tíbet: el de soporte del mundo, que en forma de esfera descansa sobre su lomo. De ahí que el disparo ominoso y vergonzante con el que se abatió se haya vuelto contra él, haciendo tambalear el soporte sobre el que descansa.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-6522204710645425359?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2012/04/la-muerte-de-un-elefante.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-0rwg9KNX04s/T5QTBigD9XI/AAAAAAAAAW8/vlA4zE67VOs/s72-c/elefante3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>17</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-6560056574188589350</guid><pubDate>Fri, 13 Apr 2012 16:00:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-04-13T09:00:40.192-07:00</atom:updated><title>La galleta del "Endurance"</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-ta6M65GF8PY/T4X5TdvxzfI/AAAAAAAAAWs/6X6-raVRKAs/s1600/Endurance1.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://3.bp.blogspot.com/-ta6M65GF8PY/T4X5TdvxzfI/AAAAAAAAAWs/6X6-raVRKAs/s400/Endurance1.jpg" width="382" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; D&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;e la magdalena de Proust a las galletas de mi desayuno, empapadas también en nostalgia, aunque no por mi juventud perdida, sino por otro tiempo y por otros hombres para los que este acto de hace apenas unos minutos, mecánico y banal, de llevarme un trozo de galleta a la boca, era parte de una heroicidad. En abril de 1916, Ernest Shakelton y sus náufragos del "Endurance", seis meses después de que la masa de hielo en la que había quedado atrapada la nave reventara el casco, zarparon en sus botes desde el extremo septentrional de la Tierra de Graham hacia la Isla Elefante. Fue una singladura durísima, mermados los hombres de alimento, enfermos algunos de disentería, azotados continuamente por el oleaje y el viento. Uno de aquellos valientes escribió después que el rancho consistía en una galleta diaria: "Se mira para desayunar, se chupa para comer y se come para cenar". Y nosotros, al sumergir nuestras galletas en el café con leche calentito, con la única precaución acaso de esquivar el exceso de calorías y colesterol, nos hacemos merecedores de una frase que hace poco le oí decir a Álvaro Pombo: "Hoy son imposibles ya las aventuras". Ojalá no, aunque sea solo al modo vicario al que nos invitan las novelas o los relatos de aquellos que con sus vidas nos dieron materia para aquellas, como este marinero del "Endurance", por ejemplo, quien con solo un menú debería figurar en las antologías del género junto a Stevenson, London, Salgari, Álvar Núñez Cabeza de Vaca y los demás cronistas de Indias.&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Con ventaja sobre el relato mínimo de Monterroso esta galleta impone su promesa de aventuras más que las fauces y músculos de aquel dinosaurio insomne. Su fuerza no parte de lo fabuloso, sino de lo cotidiano. Desde el Génesis y la Odisea la literatura está llena de alimentos así, por lo general asociados a un engaño o a una prohibición y cuya ingesta implica un castigo terrible. La tripulación de Ulises, acuciada por el hambre en la isla de Helios, se merendó una parrillada de vacas sagradas, lo cual fue la causa de que ninguno de ellos llegara vivo a Ítaca. Las galletas del "Endurance" no eran un alimento prohibido, a lo sumo un poco asqueroso por los gorgojos que las habitaban, y, a diferencia de aquella barbacoa, fue lo que les permitió arribar a su destino. Desde el punto de vista literario lo primero pertenece a lo memorable y lo segundo a lo prescindible. En el capítulo 3 de la primera parte del Quijote el ventero explica muy bien esa segunda condición cuando su huésped y recién nombrado caballero para justificar su carencia de dinero alude a que nunca ha leído en sus libros que los caballeros lo necesitaran: "[...] no se escribía, por haberles parecido a los autores dellas que no era menester escribir una cosa tan clara y tan necesaria de traerse como esos dineros y camisas limpias". Y un poco más adelante, en el escrutinio de la biblioteca del hidalgo, el cura salva y encomia así el Tirant: "aquí comen los caballeros y duermen y mueren en sus camas y hacen testamento antes de su muerte, con estas cosas de que todos los libros deste género carecen". Cervantes transforma esas carencias en prioridades y, al hacerlo, sustituye las aventuras por la vida, uno de los rasgos más notables de la novela moderna. Lo cotidiano cobra así un protagonismo que tenía vedado, y es por aquí por donde volvemos a esta modesta galleta, cuyo menú de presentación es lo contrario a un relato, pero que, en su contexto, adquiere la dimensión connotativa de Moby Dick.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-6560056574188589350?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2012/04/la-galleta-del-endurance.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-ta6M65GF8PY/T4X5TdvxzfI/AAAAAAAAAWs/6X6-raVRKAs/s72-c/Endurance1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-7819142302604454174</guid><pubDate>Wed, 14 Mar 2012 22:38:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-03-20T01:07:24.112-07:00</atom:updated><title>El sabor de la memoria</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-W2PbYH9slPs/T13SPhieGpI/AAAAAAAAAVA/9cIOaWrwaoM/s1600/Proust+y+la+dichosa+magdalena.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://4.bp.blogspot.com/-W2PbYH9slPs/T13SPhieGpI/AAAAAAAAAVA/9cIOaWrwaoM/s400/Proust+y+la+dichosa+magdalena.jpg" width="332" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &lt;span style="font-size: small;"&gt;&amp;nbsp;Elvis tenía a una cocinera a su servicio disponible las veinticuatro horas por si a media noche se despertaba con hambre y se le antojaba un sándwich de mantequilla de cacahuete, plátano frito, picadillo de ternera, salsa de ostras y ketchup. Si en vez de haber sido un hijo de jornaleros pobres, hubiera nacido en Francia en el seno de una familia acomodada, hubiera tenido suficiente con una taza de té y una magdalena, pero como en su memoria llevaba labrado un rastro de pobreza y desarraigo, los tufos grasos que emanaban de aquellos alimentos eran el perfume de una promesa de satisfacción. Pero tanto este sándwich como aquella magdalena valieron por sendos viajes desde el paladar a la infancia, uno a Tupelo, otro a Illiers.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp; En los últimos nueve años de su vida Marcel Proust vivió enclaustrado en su apartamento del Boulevard Haussmann, haciendo gala de unas manías y costumbres de las cuales algunas podrían considerarse modelo de las de Elvis si este, en lugar de dedicarse a leer joyas como "La doctrina secreta", "El libro tibetano de los muertos" o "Vida y enseñanzas de los maestros del lejano oriente", hubiera recalado&amp;nbsp; en alguno de los tomos de "En busca del tiempo perdido" y de ahí se le hubiera despertado el interés por las circunstancias de su autor. No es el caso, claro, por lo que, descartada la causa, queda la coincidencia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp; Proust tenía a una sirvienta disponible las veinticuatro horas por si a media noche se le antojaba enviarla al Ritz a por una cervecita para celebrar la culminación de algún párrafo o por si tenía que mandarla al Weber o al Larve -dos de los mejores restaurantes de aquel París- a por una cena con que obsequiar a algún amigo, a quien no acompañaba, porque a esas horas él desayunaba su café con curasán. Escribía por la noche y dormía por el día, y tanto para lo uno como para lo otro tomaba pastillas: veronal para dormir, cafeína para levantarse. Una vez llegó a casa por la mañana Gide para anunciarle que había ganado el premio Goncourt. Celeste Albaret -su sirvienta- le dijo que el señor no recibía, pero aquel insistió tanto, que al final se atrevió a avisarle.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Señor, ¿está usted durmiendo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp; -Por supuesto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; -Es el señor Gide, que dice que ha ganado usted el premio Goncourt.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; -¿Y por eso me molesta? Dígale usted que venga si quiere a partir de las nueve de la noche.&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Hace ya algunos años me invitaron a dar una charla a los alumnos de un taller literario carísimo. ¿Sobre qué? -pregunté. "Da igual, háblales de lo que quieras, de Shakespeare, de Salgari, de Machado... Si quieres les puedes leer un cuento. ¿Conoces alguno bueno de pescadores? Uno de nuestros mejores alumnos fue campeón de pesca deportiva". En fin, se ve que se encontraron con un hueco en horario de siesta y como no tenían a nadie a mano me llamaron a mí. No estoy seguro de si lo que esperaban es que los acabara de dormir con un runrún de sermón literario o es que de verdad tenían confianza en mi capacidad para influir literariamente en aquellas criaturas. Casi que me inclino por lo primero, sobre todo por la merienda literaria que habían programado para después. En el porche de la masía, en unos veladores vestidos con manteles de hilo y decorados con centros florales de crisantemos sobre un lecho de ramitas de espino albar, nos sirvieron el té magníficamente en unas tazas de porcelana que en dibujo y colores imitaban aquellas escenas campestres de las de Sèvres de finales del XIX. "Nunca caballero fue de damas tan bien servido" parafraseó el romance el maestro de ceremonias, buscando acaso mi sonrisa de complicidad, mientras una camarera con mandil de puntilla y cofia nos ofrecía una bandeja de plata con magdalenas de mantequilla recién horneadas. Pero en aquel momento yo no estaba para cumplidos, pues mi sorpresa por el evento me había paralizado en la cara una mueca de tonto que, no obstante, aquel tomó por un reconocimiento a sus audacia. En lo particular el sabor a magdalena mojada en té no promueve en mí ninguna introspección, ya que ni uno ni otra han formado nunca parte de mi dieta, así que aquella merienda, aparte de recordarme unas páginas de Proust en "Por el camino de Swann", no activó ninguna conexión neuronal por vía gustativa entre aquel momento y otros pretéritos, y me da que entre la mayoría de los participantes tampoco, aunque quizás de lo que se trataba era de facilitar una experiencia gastronómica placentera a la que pudieran remitirse otras posteriores. En cualquier caso la merienda no sería una finalidad, sino el punto de partida para un ejercicio de escritura, lo cual nos plantea la disyuntiva de considerar al reponsable del taller como un mitómano o como un idiota.&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp; Cabe también una tercera posibilidad -la de que fuera un sádico-, aunque para ello hay que presuponerle el conocimiento consciente de la fidelidad con la que el cerebro,&amp;nbsp; asociando momentos con el sentido del gusto, nos sitúa en un bucle temporal del que a veces resulta difícil salir y que puede ser paralizante. Tanto el sándwich de Elvis como la magdalena de Proust estaban envenenadas de melancolía. Por eso este cambió el té por café y la magdalena por los curasanes. Además, para impedir el asalto a traición&amp;nbsp; de sensaciones olfativas prohibió que se cocinara en casa. Su genio y su salud no hubieran podido ya con más recuerdos.&amp;nbsp; &amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-7819142302604454174?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2012/03/el-sabor-de-la-memoria.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-W2PbYH9slPs/T13SPhieGpI/AAAAAAAAAVA/9cIOaWrwaoM/s72-c/Proust+y+la+dichosa+magdalena.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>24</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-6433804997373051196</guid><pubDate>Mon, 20 Feb 2012 22:43:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-02-20T14:43:57.781-08:00</atom:updated><title>Alejandro Dumas y las patitas de elefante</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-9ujATH0RtqY/T0IfnSfYtEI/AAAAAAAAAS0/XCRMe2d_WR0/s1600/Dumas+2.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://4.bp.blogspot.com/-9ujATH0RtqY/T0IfnSfYtEI/AAAAAAAAAS0/XCRMe2d_WR0/s400/Dumas+2.jpg" width="308" /&gt;&lt;/a&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Reflexionando esta mañana, durante el desayuno, sobre la deriva alimenticia que han tomado mis artículos sobre Balzac &amp;nbsp;he ido a parar entre churro y churro al recuerdo de una receta de patitas de elefante que da Alejandro Dumas en su "Grand Dictionnaire de Cuisine". Se coge el paquidermo, se le quitan los colmillos y se lava con agua abundante, luego se pela, se trocea, se salpimenta y se deja aparte. Ejem..., es lo que tienen las memorias descarriadas como la mía, que les das pie y no hay quien las pare. Pero mi invención se queda solo en la obviedad culinaria. Lo cierto es que &amp;nbsp;ni &amp;nbsp;la receta ni la experiencia que la ocasionaron son apócrifas, aunque quizás piensen algunos que tal exceso es la cobertura literaria que da el escritor a la desesperación por hambre. A finales de 1870, cuando los soldados prusianos sitiaron París durante más de cuatro meses, el gobierno municipal dispuso, una vez agotados los abastos, avituallarse en el "Jardin des Plantes", con lo que los guacamayos a la pepitoria, las chuletas de oso y guisados de elefante aliviaron la monotonía gastronómica de los parisinos, quienes desde los primeros momentos de escasez, aconsejados por un informe de la Academia de las Ciencias que recomendaba su preparación a la parrilla, guisadas, en fiambre o paté, se habían visto abocados al consumo de ratas. Pero entonces Dumas no estaba en París, sino en Marsella,desde donde viajó a casa de su hijo, en un pueblo de Pas de Calais, donde el 5 de diciembre de aquel año de 1870 falleció. O sea, que ni sus apuntes sobre la textura y sabor de la trompa del elefante ni sus instrucciones sobre la preparación de sus patitas se referían a Cástor y Pólux, los dos paquidermos del "Jardin des Plantes".&amp;nbsp; De haber podido, su insaciable sed de aventuras le hubiera llevado a burlar el sitio de los prusianos y, sin duda, habría celebrado la cena de Navidad en el restaurante Voisin de la rue Saint Honoré, cuyo &lt;a href="http://fr.wikipedia.org/wiki/Alexandre_Choron"&gt;menú&lt;/a&gt; incluía chuletas de oso a la pimienta, consomé de elefante y canguro encebollado, entre otras delicias. Mi interés, no obstante, no está ni en la procedencia de la carne ni en el momento en que Dumas la cató, sino en la displicencia con la que inicia la receta: "Prénez un ou plusieurs pieds de jeunes éléphants...". Lo que en cualquier otro escritor de su época -a excepción de Balzac- sonaría a chiste, en Dumas no resulta más hiperbólico que su propia vida o su obra.&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp; Hay en sus páginas numerosísimas descripciones de comidas en todas sus variantes, desde banquetes fabulosos a escenas de hambre y privación. En "El conde de Montecristo", por ejemplo, encontramos varias situaciones en las que la abundancia o la escasez de alimentos determinan reacciones en los personajes que llevan a giros argumentales inesperados. A veces incluso utiliza la actitud de un personaje ante la comida -o ante la falta de ella- para definir su carácter. Lo cual nos lleva a aquella frase de Brillat-Savarin: "Dime lo que comes y te diré quién eres", que no es más que una actualización de una tradición fisiológica que se remonta a Galeno e Hipócrates, en la cual se sitúa una obra tan sugerente como &amp;nbsp;"Examen de ingenio para las ciencias" (1575), de &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Huarte_de_San_Juan"&gt;Juan Huarte de San Juan&lt;/a&gt;. Cervantes lo estudió de tal modo, que es notoria su influencia en el Quijote en la caracterización de sus dos protagonistas, tanto en su tipología humoral, como en la relación que tiene con esta la ingesta de determinados alimentos. No es casual el hecho de que en el retrato con el que se abre el primer capítulo incluya Cervantes sus costumbres gastronómicas: &amp;nbsp;&lt;span style="background-color: white; font-style: italic; text-align: -webkit-auto;"&gt;Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches&lt;/span&gt;&lt;span style="background-color: white; font-style: italic; text-align: -webkit-auto;"&gt;, duelos y quebrantos los sábados&lt;/span&gt;&lt;span style="background-color: white; font-style: italic; text-align: -webkit-auto;"&gt;, lantejas los viernes&lt;/span&gt;&lt;span style="background-color: white; text-align: -webkit-auto;"&gt;&lt;i&gt;, algún palomino de añadidura los domingos -&lt;/i&gt;alimentos algunos que menciona Huarte de San Juan en la Tercera Parte del capítulo XV, titulada "Qué diligencias se han de hacer para que los hijos salgan ingeniosos y sabios": &lt;i&gt;Los hijos que de estos alimentos se engendraren tendrán razonable entendimiento, razonable memoria y razonable imaginativa &lt;/i&gt;[...]&lt;i&gt;, pero la doctrina, el argumento, la respuesta, la duda y distinción, todo se lo han de dar hecho y levantado. &lt;/i&gt;Y lo mismo sucede con Sancho Panza, hombre fuerte y de ingenio embotado, como corresponde a un comedor de tocino, migas y pan trujillo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="background-color: white; text-align: -webkit-auto;"&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &lt;/i&gt;&amp;nbsp;Cervantes convierte, pues, la gastronomía en psicología y esta en literatura; y lo mismo hacen Balzac y Dumas, solo que no toman de partida una vieja tradición fisiológica, sino el gusto, la costumbre y la innovación. Por eso, las patitas de elefante de este último valen como un epítome de su estilo. Que aproveche. &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-6433804997373051196?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2012/02/alejandro-dumas-y-las-patitas-de.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-9ujATH0RtqY/T0IfnSfYtEI/AAAAAAAAAS0/XCRMe2d_WR0/s72-c/Dumas+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>17</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-6832644310544086701</guid><pubDate>Mon, 06 Feb 2012 11:58:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-02-06T04:09:17.860-08:00</atom:updated><title>Balzac: el hambre y la novela</title><description>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;table cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="float: right; margin-left: 1em; text-align: right;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-K5JjqBBluNU/Ty-UHBIP_uI/AAAAAAAAASM/NB0HARqVe-o/s1600/comidaliteraria.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; margin-bottom: 1em; margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="292" src="http://1.bp.blogspot.com/-K5JjqBBluNU/Ty-UHBIP_uI/AAAAAAAAASM/NB0HARqVe-o/s400/comidaliteraria.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;Tim O'Brien for The Boston Globe&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;b&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;urante sus larguísimas jornadas de trabajo, desde las doce de la noche hasta las cinco de la tarde (con una pausa de ocho a nueve), Balzac, aparte de café, solo se alimentaba frugalmente con un huevo pasado por agua o un poco de fiambre , a fin de que el enorme caudal de sangre que irrigaba las circunvalaciones cerebrales de la zona de la imaginación y adyacentes no perdiera fuerza con los menesteres digestivos. "El café -escribe Zweig- era el petróleo espeso que siempre pondría en movimiento esta fantástica máquina de trabajo". Pero la comida le molestaba. En realidad, cuando escribía le molestaba todo lo que no tuviera que ver con ese acto de creación y, si viajaba a algún lugar movido por el deseo de encontrarse con la duquesa de Castries o con Madame von Hanska, ya les advertía de que nunca se citarían antes de las cinco de la tarde. Ni siquiera las mujeres a las que amó turbaban su disciplina de faquir. Es cierto que la misma desmesura en el esfuerzo le llevaba luego a otro tipo de desmesuras. Su editor Werdet cuenta que en una comida para celebrar la finalización de una novela Balzac se ventiló un centenar de ostras, una docena de chuletas de cordero, un francolín con nabos, un par de perdices asadas y un lenguado a la normanda. Lo que no está nada mal, pero no deja de ser una excepción, un estallido de hambre mal sofocada y un homenaje puntual.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En el capítulo IV de "El primo Pons" tengo subrayadas las siguientes palabras: "En este periodo, que duró aproximadamente seis años, 1810 a 1816, Pons contrajo la funesta costumbre de comer bien&amp;nbsp;[...]. Un estómago que recibe una educación como esa influye necesariamente en la moral, la corrompe, debido a la alta sapiencia culinaria que adquiere. La voluptuosidad, agazapada en todos los recovecos del corazón, impone su ley, abre brechas en la voluntad y en el honor, exige a toda costa su satisfacción."&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Entiendo que se trata de un desarrollo literario de aquella declaración de Brillat-Savarin: "dime lo que comes y te diré quién eres", aunque en un principio resulta sorprendente lo peyorativo aquí de la asociación, la merma que produce la búsqueda de la satisfacción gastronómica en la voluntad -la virtud suprema para Balzac- explica tanto ese fragmento como el corolario&amp;nbsp;de unas líneas más abajo: "La mesa, en París, es, desde este punto de vista, un émulo de la cortesana".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Desde luego que se encuentran en sus obras ejemplos abundantes de otro tipo de relaciones entre los personajes y la comida. De hecho con frecuencia esta&amp;nbsp;sirve para definir un carácter. Fernand Lotte, erudito y devoto balzaquiano que parece salido de la imaginación de Borges, publicó en el número de 1962 de&amp;nbsp;"L´Année Balzaquienne" -cuando la paciencia aún no había sido sustituida por las herramientas informáticas de búsqueda- una relación exhaustiva de todos los platos que&amp;nbsp;se sirven en&amp;nbsp;"La Comedia Humana", desde las sopas a los postres, asociados a los personajes que los disfrutan. Es un trabajo extensísimo que justifica el lugar de privilegio que comparte Balzac con François Rabelais en la mesa de la literatura francesa y que obliga al curioso que quiera hojearlo a echar mano a un babero para no ponerse perdido por la salivación.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Entre la novela y la gastronomía la relación viene de lejos. Unos mendrugos de pan, unas cebollas, un racimo de uva, una longaniza, un nabo y unos tragos de vino nos llevan a la primera novela moderna, "El Lazarillo de Tormes", que inaugura un género literario que por primera vez daba un protagonismo al hambre. Casi trescientos años después el joven Balzac, cuando aún no se atrevía a firmar con su nombre, reivindica una aproximación realista a su universo novelesco apelando a lo mismo: "En las novelas de nuestros días los autores se preocupan muy poco por el estómago de sus héroes, les hacen ir de un lado para otro, les arrastran a aventuras que les dejan sin resuello y nunca tiene hambre. En esto no se parecen al autor". Por contra, de los dos mil quinientos personajes que aparecen en las páginas de "La Comedia Humana" los que desempeñan un papel más importante a menudo están caracterizados no sólo por lo que dicen, por lo que hacen o por lo que de ellos se dice, sino también por sus gustos culinarios. La máxima de Brillat-Savarin toma así carta de naturaleza literaria en sus novelas, y aunque quizás hoy sus lectores nos sintamos inclinados a juzgar los hábitos gastronómicos no como causa sino como consecuencia de otros factores más prosaicos, muchos de nosotros agradecemos las propiedades nutricias de su prosa, pues a aquel "dime lo que comes..." anteponemos el "dime lo que lees...".&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp; Reflexionando sobre todo esto en la sobremesa familiar de una&amp;nbsp; tarde de domingo me he acordado de cuando el doctor Da Barca -en "El lápiz del carpintero", de Manuel Rivas- le ofrece una comida opípara a un compañero de celda que se consume de hambre y de pena, y así, ante la mirada incrédula y alucinada de los otros presos, por la sola capacidad de su mirada y la fuerza evocadora de sus palabras&amp;nbsp; va surtiendo de delicias al condenado:&amp;nbsp; "Más tarde, cuando el doctor Da Barca le sirvió de segundo un redondo de ternera con puré de manzanas, regado con un tinto de Amandi, a Gengis Khan le fue cambiando el color. Aquel gigante pálido y magro tenía ahora el brillo colorado de un abad goloso. Sonreía en él un a abundancia campesina y mensajera, una dulce revancha contra el tiempo que contagió a todos los presentes".&amp;nbsp; No se me ocurre un retrato más certero y brioso para Balzac ni una explicación mejor de los efectos de su lectura. &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-6832644310544086701?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2012/02/balzac-el-hambre-y-la-novela.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-K5JjqBBluNU/Ty-UHBIP_uI/AAAAAAAAASM/NB0HARqVe-o/s72-c/comidaliteraria.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-8727439249899800194</guid><pubDate>Sat, 21 Jan 2012 12:48:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-01-23T00:46:06.496-08:00</atom:updated><title>Elvis y Balzac</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-sRixmuLQzm4/TxdJWYBNHdI/AAAAAAAAARg/MxwPLkZ2m7E/s1600/Honore-de-Balzac-9197334-1-402.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://4.bp.blogspot.com/-sRixmuLQzm4/TxdJWYBNHdI/AAAAAAAAARg/MxwPLkZ2m7E/s320/Honore-de-Balzac-9197334-1-402.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/span&gt;Sí, lo sé, uno lee el título, sonríe y se pregunta qué tiene que ver uno con el otro&lt;span class="apple-converted-space"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;más allá de la talla de sus cinturas y de su notable contribución al progreso de la industria cosmética de peluquería. Pero la relación entre ambos es tan intensa que, una vez leído este artículo, el nombre de Elvis irá unido al de Balzac como el de Robin a Batman o el del Martini a la aceituna.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Quien esto suscribe ha tenido el privilegio de viajar por el Misisipi, de Vicksburg a Natchez, a bordo de "The Word", un vapor de rueda a popa convertido en un templo flotante desde donde el reverendo Ervert Felton Dorsey, de la Iglesia Presleyteriana, predica la lección de cristianismo que está grabada a fuego en la vida del Rey y en tinta en "Antología de la Biblia con anexo titulado&lt;span class="apple-converted-space"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;la lección de Elvis&lt;/i&gt;" (a 20 dólares el ejemplar), algunas de cuyas migajas se pueden encontrar en mi novela "Zapatos de ante azul" y en las páginas de este blog, en las que también se han descubierto otras parejas extrañas, tales como las de Elvis con Stalin, con Che Guevara, con Kafka o con Faulkner. Aquí se ha hablado de metamorfosis, transmigraciones, avatares, transtornos esquizoides y de cierta teoría del doble -fenómenos reales o literarios que difuminan los contornos del individuo y carcoman su identidad, abriendo galerías por donde una imaginación errática como la mía descubre relaciones improbables. Sin embargo, el caso de Elvis y Jesucristo, del que nos habla el reverendo Dorsey, es bien distinto, pues la causa de esa asociación, tan provechosa en lo moral como fecunda en lo literario, es -en palabras de ese paladín de la elvisología- "un favor divino transmitido en el lenguaje de los ángeles", es decir una revelación mientras oía un himno protestante cantado por el Rey.&lt;span class="apple-converted-space"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;Amazing Grace, how sweet the sound, / That saved a wretch like me./ I once was lost but now am found,/ Was blind, but now I see&lt;/i&gt;.&amp;nbsp; Este hito de la historia de la religión tuvo lugar en Memphis, muy cerca del gran río, al inicio de Beale Street, donde se levanta una estatua del Rey, guitarra en ristre, en arriesgada posición rockera. Allí, una tarde canicular de&amp;nbsp;mediados de agosto,&amp;nbsp;el reverendo Dorsey, cuando aún no era reverendo, sino solo un comercial de una empresa de pulimentadores para suelos de linóleo, escuchó el himno en la radio de su furgoneta. Entonces recibió la revelación, y todo cambió. Se bajó de su vehículo y allí mismo, en medio de la calle, se puso a predicar como un Moisés. &amp;nbsp;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp; Ciento sesenta años antes, una mañana de 1828, un joven que aún no había llegado a la treintena y que acababa de arruinarse por sus negocios editoriales se pasea triste por los bulevares de París y se detiene en medio de la Place Vendôme, ante la columna sobre la que se erige la estatua de Napoleón. Está obnubilado y como ausente; no sabe ni cómo ni por qué ha llegado hasta allí, pero al cabo de unos minutos los músculos de su cara se tensan, la sangre ruboriza sus mejillas y sus pupilas se dilatan. Entonces aprieta el puño, lo levanta y dirigiéndose a Napoleón exclama: "¡Algún día, pronto, conquistaré el mundo!". Ese joven era Balzac, que salvo en el adverbio no andaba muy equivocado.&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Con un talento singular tanto para el análisis como para el detalle, Zweig, en las últimas páginas de su biografía -"Balzac, la novela de una vida"-, nos pone una silla en el cuarto de la casa de la Rue Fortunée para que acompañemos a Víctor Hugo en su visita al moribundo y, unas líneas más abajo, nos lleva al cementerio de Père Lachaise a su entierro, donde el mismo Hugo fue el encargado de poner la pompa y la solemnidad con su elogio fúnebre. "No es la noche, es la luz. No es la nada, es la eternidad. No es el fin, es el principio. ¿No es verdad, vosotros que me estáis escuchando? Féretros como este son una prueba de la inmortalidad". Evoca ahí Zweig otro entierro, el del protagonista homónimo de su novela "Papá Goriot". Es la misma ciudad, el mismo cementerio y el mismo ambiente de soledad y tragedia el que antecede al óbito. Hay incluso unas palabras, una declaración nada fúnebre que nos remite a aquellas que pronunció Balzac ante la estatua de Napoleón. Eugenio Rastignac, que es en cierta medida un desdoblamiento literario suyo, tras echar una última lágrima sobre la tumba de Goriot, se vuelve hacia la ciudad, que se extiende ante él. "Sus ojos posáronse casi ávidamente entre la columna de la plaza Vendôme &amp;nbsp;y la cúpula de los Inválidos[...] y pronunció estas grandiosas palabras: -¡Ahora nos las veremos!".&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;En busca de la correspondencia de la estatua de Napoleón y de las declaraciones de Balzac y Rastignac en la vida de Elvis he evocado estos días mis paseos por Tupelo y Memphis y he emborronado unas cuartillas con similitudes muy jugosas entre el escritor y el cantante, pero al cabo todas son pruebas circunstanciales que no prueban nada. Pensando en esto me he detenido esta tarde en el casinet de Quart, frente a una escultura de Miquel Navarro, que es lo más parecido que tenemos por aquí a la columna de la Place Vendôme, y &amp;nbsp;he pedido un café, pero no se me ha ocurrido ninguna frase solemne que decirle a la escultura y a la posteridad: se ve que hay que tener un muerto a mano para eso o igual es que ya se me ha pasado la edad. En fin, he saboreado mi café, he encestado una canasta de tres puntos con aquellas cuartillas y me he quedado con la sensación un tanto lamentable de que la clave de la relación entre Elvis y Balzac no está en sus vidas, sino en la mía. &amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-8727439249899800194?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2012/01/elvis-y-balzac.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-sRixmuLQzm4/TxdJWYBNHdI/AAAAAAAAARg/MxwPLkZ2m7E/s72-c/Honore-de-Balzac-9197334-1-402.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-2732912664932985864</guid><pubDate>Sun, 01 Jan 2012 20:24:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-01-04T04:16:44.936-08:00</atom:updated><title>El café de Balzac</title><description>&lt;table cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="float: right; margin-left: 1em; text-align: right;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="clear: right; margin-bottom: 1em; margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/goog_442460856"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/-0A5pjHe6UUY/TwDACa7SK9I/AAAAAAAAARM/OEl_1TuSclg/s1600/balzac2.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://www.lamalaferia.blogspot.com/"&gt;&amp;nbsp;(imagen tomada de www.lamalaferia.blogspot.com)&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;span style="color: #228822; font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size: 14px; line-height: 16px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;uando Balzac, cinco años antes de su muerte, padece con fuerza los síntomas del agotamiento al que ha sometido a su cuerpo, estragado ya a los cuarenta y cinco por una voluntad extraordinaria, escribe: "Mi naturaleza se niega a seguir. Descansa. Ya no reacciona al café. He trasegado torrentes enteros para terminar &lt;i&gt;Modeste Mignon&lt;/i&gt;. Era lo mismo que si bebiera agua." Se calcula que durante la segunda parte de su vida había bebido unas cincuenta mil tazas; él mismo reconocía que su cuerpo estaba envenenado por el café, y su médico y amigo, el doctor Necquart, señalaba esos excesos como la causa de la cardiopatía que acabaría matándole. Pero, ¿de qué otra manera hubiera podido resistir las largas veladas de escritura, de doce de la noche a ocho de la mañana, con menosprecio del sueño, de los calambres que agarrotaban la mano, del dolor de cabeza y hasta del aturdimiento?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Folios ligeramente teñidos de azul, plumas de ala de cuervo, la misma tinta en el mismo tintero, y, como hábito, una cogulla monacal. Balzac afronta la escritura con una meticulosidad litúrgica que le obliga a la noche para eludir cualquier distracción. Ningún elemento interviniente queda al azar, y uno de los que le ocupa más atención es "el petróleo espeso que siempre pondría en movimiento esta fantástica máquina de trabajo" -en expresión de Stefan Zweig en su magistral biografía de Balzac-, un café que elaboraba a partir de tres variedades (borbón, moka y martinica), cada una de las cuales adquiría de suministradores diferentes y combinaba en proporciones variables de acuerdo a las horas del día y a las necesidades de escritura.&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;A diferencia del alcohol, el tabaco y el chocolate, contra los que escribió en su "Tratado de los estimulantes modernos" por mermar la capacidad de la virtud suprema -la voluntad-, el café era un aliado que estimulaba su imaginación y le daba fuerzas para seguir. Nunca una bebida ha representado lo que esta para Balzac: &lt;b&gt;&lt;a href="http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/12/babas-y-literatura-los-origenes-de-la.html?utm_source=BP_recent"&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;el hidrmiel de Súttung&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/b&gt; y el bálsamo de Fierabrás.&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; Los publicistas, tan avispados siempre para este tipo de relaciones, han sacado provecho de ello. "Café Balzac" es una franquicia con locales por todo el mundo. También hay &amp;nbsp;restaurantes y cafés "Rastignac" -el protagonista de "Las ilusiones perdidas"- y aún hoy varios restaurantes parisinos se benefician de la publicidad que de ellos hizo Balzac en sus novelas (en muchas ocasiones como pago de facturas de comilonas con las que se regalaba cuando terminaba algún libro). Sus frases incluso aparecen en los sobres de los azucarillos de los bares. El mes pasado, una tarde tonta en una cafetería me encontré con esta: "El café desciende al estómago y entonces todo se pone en movimiento: las ideas avanzan como los batallones del gran ejército en el campo de batalla". Yo estaba varado en el primer párrafo de mi servilleta (ya he contado &lt;a href="http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/05/la-mirada-de-kafka.html"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;aquí&lt;/span&gt;&lt;/b&gt; &lt;/a&gt;que escribo en bares y en el metro porque en casa tengo un fantasma) y no había manera de saltar del punto y aparte, conque fue leer eso y sentir un escalofrío. Al instante me pedí otro café, y otro. Pero nada, las ideas no despertaban y el punto aumentaba de diámetro amenazando con convertirse en un agujero negro. Estuve por reclamar al chico del bar, un italiano muy simpático. Aquello no era un café, ni la frase era de Balzac ni yo iba a escribir nada, así que hice una pelotita con la servilleta y me fui con la sensación de que se me había arruinado la tarde.&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Hace años que me considero un balzaquiano. Siempre tengo un título suyo en mi pila de pendientes, y es a él a quien más acudo cuando necesito una purga contra el exceso de mala literatura. Por eso aquella tarde me sentí chasqueado cuando, después de dedicarle tres cafés, mi imaginación seguía en búsqueda y captura. Pero ahora, trajinando en la red para confirmar unos datos, descubro el engaño de la frase de aquel azucarillo. En primer lugar, y dejando de lado que Balzac lo tomaba sin azúcar, este no se refiere a la infusión, sino a la ingesta a palo seco de los granos molidos -una experiencia gastronómica que se guarda mucho de popularizar. De hecho, la cita completa es del todo disuasoria, pues solo recomienda esa práctica &amp;nbsp;a "hombres de un excesivo vigor, de cabellos negros y duros, con piel mezclada de ocre y bermellón, con manos cuadradas, con piernas en forma de balaustres como las de la Plaza de Luis XV".&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Yo no sé si a alguno de ustedes le cuadra la descripción; a mí, no, y a Balzac tampoco, o, por lo menos, no del todo, aunque se adivina en ella una ostentación orgullosa de su propia anatomía. Su imaginación le daba derecho a ello: quien había tenido tanto talento, voluntad y capacidad de trabajo para retratar tan fielmente la sociedad de su época, en lo relativo a sí mismo padecía cierto optimismo patológico, quizás como efecto secundario de sus excesos con la cafeína . En este sentido, la ilustración que encabeza este artículo no pude ser más modernamente balzaquiana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-2732912664932985864?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2012/01/el-cafe-de-balzac.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-0A5pjHe6UUY/TwDACa7SK9I/AAAAAAAAARM/OEl_1TuSclg/s72-c/balzac2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>13</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-93351839770005548</guid><pubDate>Sun, 18 Dec 2011 19:26:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-20T03:02:03.500-08:00</atom:updated><title>Literatura y babas (los orígenes de la poesía según Snorri Sturluson)</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &lt;b&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;a naturaleza líquida de la literatura no acaba ni en la tinta ni en el alcohol, por más que de una a otro se produzcan trasvases, desbordamientos e inundaciones, y aún con más frecuencia goteos, filtraciones, humedades... Nada extraño si se consideran sus orígenes míticos. Cuenta &lt;b&gt;&lt;span style="color: blue;"&gt;&lt;a href="http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/01/los-senores-de-los-anillos-1.htm"&gt;Snorri Sturluson&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt; que los dioses para limar asperezas con unos vecinos organizaron una parranda en la que se selló la paz mediante una comunión escatológica consistente en el llenado colectivo de una cuba con escupitajos. Después los dioses con aquel magma crearon un hombre al que llamaron Kvásir, y era sabio y de ánimo inquieto y se fue a ver mundo, pero por el camino se encontró a dos enanos cabrones que le mataron. No obstante, ahí no se acabó Kvásir. Los enanos vaciaron su sangre en dos cubas y una olla, la mezclaron con miel, de lo cual resultó un hidromiel que hacía sabio y poeta a quien lo cataba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-A0aqqPdd0TU/Tu462saaauI/AAAAAAAAAQo/5h86eFVBwx0/s1600/odin_poetry.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://3.bp.blogspot.com/-A0aqqPdd0TU/Tu462saaauI/AAAAAAAAAQo/5h86eFVBwx0/s400/odin_poetry.jpg" width="307" /&gt;&lt;/a&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Poco después los enanos ahogaron a un gigante en el mar y descalabraron a la viuda con una rueda de molino, pero el hijo gigante de ambos se enteró de aquello y fue a ajustar cuentas, lo cual no parecía difícil, porque era un muchacho muy espabilado, y así fue que ya tenía a los enanos a punto de ahogarlos cuando estos le ofrecieron el hidromiel a cambio de sus vidas. El gigante aceptó el trato y escondió las dos cubas y la olla en el interior de una montaña y dejó también allí dentro a su hija para que lo guardara.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Celoso de ese néctar, Odín &amp;nbsp;se transformó en jornalero, segó los campos de heno de un gigante y en pago se hizo llevar a la montaña que encerraba el hidromiel. Allí el gigante taladró la roca, y Odín se convirtió en serpiente y se escabulló por el agujero hasta que llegó donde estaba la giganta. Tres noches durmió con ella, tras las cuales le permitió echar un traguito, pero Odín se lo bebió todo, que para eso era dios, y se fue volando, transformado ahora en un águila. La cual, por su tamaño y por el de su buche, no pasó desapercibida a Súttung, que este era el nombre del gigante dueño del hidromiel, y él también se transformó en águila y voló tras el ladrón&amp;nbsp; y como iba más ligero recortaba la distancia más y más. Odín ya tenía a la vista las murallas del Ásgard, desde donde los dioses, cuando vieron cómo se acercaba perseguido por la otra, sacaron de las bodegas unas cubas vacías, y en ellas el águila divina, después de regurgitar el hidromiel, vomitó el tesoro que había robado. Pero no todo se fue por el pico: con el sofoco y el susto de verse casi cazada por Súttung, un poquito se le fue por el trasero, y ese poco se quedó fuera del Ásgard. Y de ese resto, nos dice Snorri Sturluson en su Edda Menor, se alimentan todos los malos poetas, quienes contagiados de su naturaleza excrementicia nos dejan en papel -o en pantalla- sus regalos.&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp; Los griegos a su hidromiel le llamaron néctar y ambrosía. En la tradición védica era el soma. La nostalgia de esa sustancia ha vuelto loco y ha ahogado a más de un escritor. Los principales sucedáneos con los que se ha querido paliar esa carencia han sido el alcohol y el café. De esto último escribiré en un próximo artículo.&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-93351839770005548?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/12/babas-y-literatura-los-origenes-de-la.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-A0aqqPdd0TU/Tu462saaauI/AAAAAAAAAQo/5h86eFVBwx0/s72-c/odin_poetry.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>13</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-3107889633124879277</guid><pubDate>Fri, 02 Dec 2011 21:38:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-04T03:28:57.619-08:00</atom:updated><title>Elvis contra Bertín  (más de "Zapatos de ante azul")</title><description>&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;b&gt; Elvis contra Bertín&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;table align="center" cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-YPhYVJLDSqA/TtlJoDIdjeI/AAAAAAAAAQg/InLnm6gA9WU/s1600/FatElvis-ROCKNBIKEFEST2011-LS03.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="266" src="http://4.bp.blogspot.com/-YPhYVJLDSqA/TtlJoDIdjeI/AAAAAAAAAQg/InLnm6gA9WU/s400/FatElvis-ROCKNBIKEFEST2011-LS03.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;photo by Luke Seagrave.(c.r.: eFestival.co.uk)&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;[...] "Hace ya algunas semanas y muchas páginas que estuvimos con Elvis en dos veladas organizadas por Espectáculos Bolos; recordamos sus canciones, el número del Gran Bompasto, los bocadillos de morcilla, las casetas de bebidas y a algún que otro personaje, como Vitorino, sus amigos o el mismo Spíder, a quienes esta noche, de haber tenido entradas, los hubieran ubicado en la última fila, allí donde el realizador no hubiera tenido problemas para sacarles del plano, porque en este programa no quieren a gente un poco rara, un poco gorda o un poco fea; ya se encargan unas azafatas muy monas de aposentar al personal para que se vea más o menos. A Elvis, al final. Y encima no pueden ir a por una cervecita o a orinar cuando les apetezca, han de estarse quietecitos en sus sillones de plástico, muy atentos a unas señoritas que levantan unos carteles donde se lee “aplausos” o “risas”. Nada nuevo, en fin, el clásico y tórrido programa de variedades, un enorme bostezo con banda sonora presentado por este Bertín, que encima canta y suelta paridillas que, para las chicas que levantan los carteles son graciosísimas. Para Elvis, no tanto, tiene calor, sed y ganas de orinar, y como no le dejan abandonar su asiento no ha podido tener unas palabras con Bertín en su camerino; está triste, su plan era sencillo, pero se lo han cargado de un modo más sencillo aún. Debería haber previsto un plan be, algo más elaborado, incluso las unicornias podrían haberle servido de cobertura: raptar a Bertín. Se ríe y fantasea mientras un cretino hipnotiza a una señora y hace que se crea que es una gamba, pero él no atiende, sigue puliendo la idea, hasta que unas palabras del hipnotizador ponen a prueba sus reflejos: un voluntario, por favor. El hipnotizador las ha pronunciado dirigiéndose a una señorita de muy buen ver que se hace la remolona, porque se ve que no le apetece mucho danzar por el escenario como el marisco, pero el otro insiste, y cuando ya parece que se va a levantar, Elvis, que se ha zafado sin problemas de la oposición de las chicas de los carteles, ya se ha subido al escenario y sonríe. Bertín, no, el hipnotizador tampoco; se ve que se había hecho ilusiones con la chica, y Elvis se las ha chafado, porque su presencia es tan ostentosa que ya no le pueden decir que se vaya. Disimulan, pues, y recuperan sus sonrisas ortopédicas: bueno, je, je, aquí tenemos a un voluntario rapidísimo, ¿cómo te llamas? ¿Elvis? Elvis ¿qué? Sólo Elvis, pues vale, Elvis, acércate un poquito más aquí, es que si no te arrimas no salimos los dos en el plano, je, je, no te vayas a creer. Cartel de risas. El hipnotizador se les acerca. Elvis se malicia algo: que le haga creerse un atún o una morsa. Fíjate en este dedo, Elvis, síguelo con la mirada. El dedo dibuja unos arabescos en el aire y de pronto ¡plim! le toca la frente y ya está dormido de pie, un&amp;nbsp; blanco perfecto para las burlas del respetable, del de aquí, en directo, y del que sigue el programa en casa, entre anuncios de colonias y de planes de pensiones, como Engracia, en Valencia, que ha dado un salto de la sorpresa y no aparta la vista de la pantalla, igual que Spíder, que estaba en la cama, porque le duelen un poco las piernas, y Loli le ha gritado como una posesa ¡Paco, ven, Elvis, tu amigo, está en la tele! Y ha ido corriendo a la salita; o como Mari Nieves, aquí, en Benidorm, que está esperando a Toño y le dice su padre nena, cómo se parece ese tío a Elvis... Y todos soportan los anuncios de colonias, de compresas, de coches, de electrodomésticos y de planes de pensiones apenas sin moverse, conteniendo la respiración, hasta que aparece Elvis. ¡Si es Elvis! Pobre Elvis, todo este rato de los anuncios, mientras los espectadores en directo han aprovechado para estirar las piernas, desperezarse o para orinar, ha estado ahí, solo, en el escenario, durmiendo como un pasmarote, y el hipnotizador, que es un sádico, eso se ve enseguida, que disfruta humillando a la gente, ha tenido tiempo para pensar el castigo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En ese mismo momento otro sádico recibe una llamada telefónica que le deja a punto de sumarse a la audiencia del programa: ¿estás viendo la tele? No, ¿qué pasa? Rápido, pon &lt;i&gt;Pasarela de artistas&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El que llamaba era Demis, y el sádico, Vitorino.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hay unas melosas palabras de introducción por&amp;nbsp; parte de Bertín, el hipnotizador acoge sonriente una programada salva de aplausos, se apagan las luces, y solo él recibe en vertical el chorro de luz de un foco. Suena de fondo una música de ambiente. ¿Qué estará tramando? se preguntan en casa. Es un cuento de nuestro rico acervo cultural titulado &lt;i&gt;el medio pollo&lt;/i&gt;, dice. El medio pollo es Elvis, que zangolotea por el escenario como una clueca de cien kilos. Cartel de risas. Risas. Un gesto del hipnotizador, Elvis se detiene, su foco se apaga, sigue el cuento, sale una zorra. Otro gesto. Foco. Y ya tenemos a Elvis haciendo de zorra. Más risas. Y luego, un lobo, ¡un río!, un oso hormiguero (aportación propia y muy celebrada del hipnotizador), hasta que llegan al palacio del rey.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Para que no se me despisten los lectores poco familiarizados con las joyas de nuestro folclore: este rey es un embustero y un egoísta. Resulta que le pidió prestada al medio pollo una bolsa repleta de monedas de oro, con la promesa de que se las devolvería cuando fuera a su palacio, pero cuando se presenta allí el animal, el rey ordena que le encierren en el corral de sus gallos de pelea. Lo que pasa es que antes, cuando se ha encontrado a la zorra, que quería comérselo, para salvarse le ha dicho que se iba al palacio del rey, y que si no le comía, allí la recompensaría. Ella ha dicho que vale, y él se la ha metido en la barriga empujándola con un palito por el culo. Sí, ya lo sé,&amp;nbsp; disculpen la escatología, pero es lo que tienen a veces estos cuentos. Total, que cuando el medio pollo está entre los gallos, manda salir a la zorra, que se los zampa a todos y con ello se da por bien pagada. Más o menos lo mismo ocurre después con el lobo, el oso hormiguero y el río, pero hasta ahí no llega la representación onírica de Elvis, porque después de la merienda de la zorra, el medio pollo canta esta canción: &lt;i&gt;quiquiriquí, una bolsa de oro&amp;nbsp; me debe el rey a mí&lt;/i&gt;. Y por una intensa asociación neuronal entre lo de cantar y la palabra &lt;i&gt;rey&lt;/i&gt;, se abre un debate en el subconsciente de Elvis que le deja fuera del control de su Rasputín, empieza a moverse sin control por el escenario (risas sin cartel), arrastrando y haciendo caer lo que encuentra a su paso: un micrófono, un taburete, una de las cámaras, la cortina del fondo... Bertín está enfadadísimo y le dice al hipnotizador que lo deshipnotice, pero éste todo es tocar a Elvis por la espalda y decirle cuando cuente tres te encontrarás totalmente relajado y quieto, uno, dos y tres, pero ¡ja! ni por ésas. Elvis sigue por el escenario como un ciclón, dando argumentos a Loli, que le dice a Spíder lo ves, es gafe. Engracia se encomienda a la intercesión de san Judas Tadeo. Mari Nieves y su padre observan de pie con la boca abierta. Y Vitorino, conteniendo a duras penas las carcajadas que le acometen con cada desastre, telefonea a Demis y le dice tío, mañana nos vamos a Benidorm.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Bertín no sabe qué hacer, si pasar otra vez a publicidad o seguir con la chapuza de programa. Sigue, le indica el director. Y Elvis, después de tirar la cortina del fondo, sigue también y destroza unos decorados de madera que quieren imitar unas fachadas andaluzas, con sus rejas, sus macetas de geranios y sus farolillos, pero en eso que le cae una maceta en el hombro y se para. El hipnotizador cree que ha recuperado el control y suspira aliviado, sonríe forzadamente y con un gesto de las manos invita a los espectadores a que dejen de reír y recuperen la compostura. Por supuesto que no le hacen ningún caso. Busca la mirada de Bertín y señala al público y luego a Elvis, como disculpándose: con la gente así, tronchándose por el suelo, cómo quieres que controle yo a éste. Si pudiera, en ese momento Bertín se lo cargaba, y a Elvis también, que permanece ahora en el centro del escenario, sofocado, como recuperándose después del esfuerzo. “Bueno, vamos a ver, querido público si nos vamos serenando todos un poquito”. Yo creo que si pudiera también se cargaba a su querido público, pero tiene tablas y sabe aguantarse. Querido público, dice, y en eso que Elvis se mueve otra vez, avanza hacia delante, muy despacio. Engracia contiene la respiración, Mari Nieves y su padre, también; Vitorino le anima a que continúe y se caiga del escenario. Su caminar no es ya el de los animales del cuento ni el de esa especie de torbellino zombi que acabamos de ver. El hipnotizador, un profesional con muchísima experiencia, se ceba en su propio ridículo dándole instrucciones inútiles. Elvis camina lentamente hasta el borde del escenario, ahí se detiene y se queda mirando el mar de cabezas que tiene enfrente. Bertín, queriendo aparentar normalidad, le pregunta a Rasputín ¿ya está deshipnotizado?, y aquél quiere ocultar su ignorancia al respecto con unas palabras técnicas, pero entonces, cuando nadie lo esperaba, acaso sólo Spíder, la voz clara y firme de tenor barítono de nuestro Elvis ataca los primeros compases de su versión de &lt;i&gt;Zapatos de ante azul&lt;/i&gt;, uno por la pasta, dos por el show... Pero eso es más, mucho más de lo que Bertín puede soportar, o sea, que envía a todos los espectadores de casa a los anuncios. Los de aquí aún podemos escucharle un par de minutos, hasta que llegan dos de seguridad y se lo llevan a los camerinos &amp;nbsp;[...]".&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;(del capítulo 13 de la II parte de "&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: blue;"&gt;Zapatos de ante azul&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;")&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-3107889633124879277?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/12/elvis-contra-bertin-mas-de-zapatos-de.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-YPhYVJLDSqA/TtlJoDIdjeI/AAAAAAAAAQg/InLnm6gA9WU/s72-c/FatElvis-ROCKNBIKEFEST2011-LS03.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-5166343496236300276</guid><pubDate>Mon, 21 Nov 2011 16:11:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-21T13:44:39.816-08:00</atom:updated><title>Las detectives espiritistas</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;b&gt;Las detectives espiritistas (un&amp;nbsp;episodio de &lt;i&gt;Zapatos de ante azul&lt;/i&gt;)&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none; clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-Agyvs3V207g/Tsp1kUhABUI/AAAAAAAAAQY/UaEmqnJjgYE/s1600/oldwomanwithbird.bmp" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" hda="true" height="320px" src="http://3.bp.blogspot.com/-Agyvs3V207g/Tsp1kUhABUI/AAAAAAAAAQY/UaEmqnJjgYE/s320/oldwomanwithbird.bmp" width="247px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;"&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;he Unicorn o The Unicorn and the Rose, que es su nombre completo, es una sociedad cultural, recreativa y de ayuda mutua compuesta íntegramente por residentes británicos en la Costa Blanca y regida de acuerdo a unas curiosas normas y a una complicada jerarquía. Por ejemplo, los diferentes directores de cada comisión (comisión de bordado, de marquetería, de avistamiento de aves, de repostería tradicional, de gimnasia, del coro, de virtud antialcohólica, de bridge...) son elegidos democráticamente, aunque en el recuento de votos se aplica un índice corrector que suma una serie de votos especiales fruto del mérito de cada concurrente en actividades como la elaboración de la masa del pastel de prunas, el dibujo del cartel de la campaña anual de ayuda a los animales o la invención del cóctel más vomitivo en las reuniones periódicas de la comisión pro virtud antialcohólica. Por debajo de los directores están los secretarios, que son elegidos bianualmente de entre los socios que más fondos hayan aportado a las comisiones. A continuación están los supervisores, que fiscalizan a los anteriores y que son nombrados por éstos y por los dos candidatos a directores y a secretarios que menos votos hayan conseguido. Y por último están los coordinadores, que son aquellos socios cuya edad se acerca más a la media aritmética de todas las edades de los miembros de cada comisión.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Como mínimo una comisión debe tener ocho miembros, y sólo en casos excepcionales, en los que la Comisión de directores juzgue justificado el interés, se permite el inicio de actividades a algunas con menos socios, pero sólo durante un trimestre. Pasado este plazo, si no se ha conseguido atraer a más socios, hasta completar el cupo mínimo, se disuelve la comisión. Este ha sido el caso de la recientemente disuelta "Comisión para asuntos esotéricos", cuya directora no era otra que la señora Robinson, nuestra anfitriona de esta tarde. Las otras integrantes de la comisión también están presentes y escuchan con atención la disertación de Angelito sobre los alimentos yin y yang para perros. Son la señora Jenkins (antigua secretaria de la comisión) y la señora Slaughter (antigua coordinadora). La persona que falta es la antigua supervisora, la señora Mappley, quien, al parecer, acusó al resto de sus compañeras de beber té con ginebra durante sus sesiones espiritistas, con lo que desacreditó su buen nombre, perjudicó a la comisión y, de paso, ganó puntos de cara a su candidatura para la presidencia de la influyente "Comisión pro virtud antialcohólica". No obstante, el fracaso de aquella comisión no es del todo imputable a la señora Mappley. En los casi dos meses y medio en los que desempeñó el cargo de secretaria, la señora Jenkins recogió con escrupulosa fidelidad en el libro de actas el contenido de las sesiones semanales. Basta con leer unas líneas para comprender que, con o sin ginebra, el futuro de la comisión esotérica iba a ser muy corto.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;Extractos del libro de actas de la señora Jenkins&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Jueves, 24. 19.30.1ª sesión: invocación espiritista al difunto señor Robinson [...] Tras quince minutos de intentos por fin conectamos con una entidad ultrasensorial, aunque por desgracia no se trata del marido de nuestra querida directora, sino de un señor de Murcia que murió en un accidente de tráfico [...]&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;20.05 (2ª sesión) Nos demoramos en la invocación casi 25 minutos, hasta que unos golpes tremendos en el techo hacen que nos detengamos sobrecogidas. La señora Robinson retoma la palabra e interpela directamente al espíritu acerca de su identidad y de sus intenciones. El vaso no se mueve, pero de nuevo se oyen los golpes, a los que ahora se suman voces que, poco a poco, se convierten en gritos horrorosos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Son los vecinos de arriba, que ya están discutiendo, nos descubre desalentada la señora Robinson [...]&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Viernes, 1. 19.30. (2ª sesión) Después de un infructuoso intento por conectar con el señor Robinson, la coordinadora Slaughter propone que se abandonen las invocaciones personalizadas, pero se encuentra con la firme oposición de la señora Robinson y de la señora Mappley, muy interesada en hablar con su difunta tía Elaine. Como una servidora apoya a la señora Slaughter, decidimos alternar las invocaciones [...] El vaso empieza a moverse bruscamente trazando un recorrido incoherente entre las letras y los números, hasta que se sale de la mesita y se estrella en el suelo [...] Todos los intentos posteriores son inútiles.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sábado, 2. 16.30 Según nuestra directora, la señora Robinson, ayer se liberó en su salita una energía negativa que puede ser muy perjudicial para nosotras, por lo que hoy ha convocado una sesión urgente para limpiar su casa. Primero, en un ejercicio agotador hemos ido agitando por todos los rincones unas ramitas de abedul. Después hemos encendido las velas y unas varitas de incienso. La señora Mappley se ha mareado con el humo y hemos tenido que sacarla al balcón [...]&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Jueves, 7. 20.05 [...] La directora y la supervisora se han dicho palabras desagradables a raíz de una discusión sobre la financiación de una botella de espiritoso [...]&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-1J3LFdqrnzg/TsorB5_nwlI/AAAAAAAAAQI/C3EGJiOtXMw/s1600/tauler" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="205px" src="http://4.bp.blogspot.com/-1J3LFdqrnzg/TsorB5_nwlI/AAAAAAAAAQI/C3EGJiOtXMw/s320/tauler" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En fin, no hace falta que sigamos, ya se da cuenta uno de que con este historial y, a pesar de que contaba con el acicate de los episodios de Expediente X, que todos los martes a las nueve y media de la noche podían ver los socios de "The Unicorn" en versión original en la sala de televisión del club, la "Comisión de actividades esotéricas" tenía, ya digo, un futuro muy corto. Sin embargo, que fuera oficialmente disuelta no implica que sus antiguas integrantes -exceptuando a la señora Mappley- perdieran interés y dejaran de reunirse para hablar de esos temas y, una vez por semana, para practicar la ouija, sólo que ahora esos encuentros tenían un carácter clandestino.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En principio el té de esta tarde no tenía nada que ver con esas actividades. Se trataba de una merienda entre amigas con un invitado que iba a hablarles de dietética canina. Y, por supuesto, han merendado y han escuchado una disertación muy interesante sobre ese asunto. No obstante, la señora Robinson, en un arrebato de osadía que han aprobado entusiasmadas sus dos amigas, se ha dejado llevar por su intuición y ha invitado a Angelito a una sesión de espiritismo, convencida de que las cualidades que adivina en él facilitarán la comunicación con entes incorpóreos.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El no quería, no le gusta la ouija, es peligrosa, dice, y, para convencerlas, relata unos hechos que le ocurrieron hace más de veinte años, con lo que consigue animarlas aún más para el evento, de modo que cuando quiere darse cuenta ya están las luces apagadas y hay sobre la mesa un tablero, un vaso y una palmatoria con una vela encendida.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;-Espíritu, por favor, ¿serías tan amable de manifestarte dirigiéndote hacia el sí? -pregunta la señora Jenkins, y, para su sorpresa y la de todos, el vaso se dirige con energía hacia el recuadro del centro donde pone yes.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Las tres amigas están emocionadas, nunca antes habían conseguido contactar tan pronto, así que la señora Jenkins, convencida de que Angelito es un médium, le cede gustosa el privilegio de dirigirse al espíritu.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El hubiera preferido limitarse a poner el dedo sobre el vaso, pero...&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Al poco tiempo se descubre que el ente incorpóreo contactado es el señor de Murcia fallecido en un accidente de tráfico, pero esta vez no tiene problemas de comunicación, porque Angelito actúa de intérprete entre él y las inglesas.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pues resulta que el interfecto pereció en la nacional 234, a la altura de la salida de Villajoyosa, el verano pasado; fue por culpa de un hijoputa (así deletreado por el espíritu en el tablero) que hizo un adelantamiento muy temerario y le obligó a salir de la carretera para no chocarse frontalmente con él, entonces se cayó a un pequeño barranco y se mató. El tío aquel se salió de rositas, huyó y no pudieron identificarle, pero tras un año de investigaciones ha descubierto que veranea en Benidorm, que es un macarra que viene aquí para ligar con extranjeras y que el coche con el que le mató era un ford scort de color rojo. Ahora lo que él quisiera es que ellas le ayudaran a darle un escarmiento.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La señora Robinson y sus dos amigas escuchan en vilo. Desde que fundaron la comisión, uno de sus objetivos principales ha sido conseguir ese tipo de cooperación, y aunque sus interlocutores favoritos hubieran sido el señor Robinson, la tía Elaine e, incluso, Goldy Rufus I, este caso que ahora se les presenta las satisface y excita, porque además de confirmar esa posibilidad que tanto habían anhelado les brinda una ocasión para emular las hazañas de dos héroes suyos, el agente Mulder, de &lt;em&gt;Expediente X&lt;/em&gt;, y la investigadora que interpreta Angela Landsbury en &lt;em&gt;Se ha escrito un crimen&lt;/em&gt;".&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;(del capítulo 9 de la II parte de "&lt;b&gt;Zapatos de ante azul&lt;/b&gt;")&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-5166343496236300276?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/11/las-detectives-espiritistas.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-Agyvs3V207g/Tsp1kUhABUI/AAAAAAAAAQY/UaEmqnJjgYE/s72-c/oldwomanwithbird.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-6154224747521480825</guid><pubDate>Mon, 07 Nov 2011 19:30:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-07T11:30:12.558-08:00</atom:updated><title>Contra Auschwitz</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;table cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="float: right; margin-left: 1em; text-align: right;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-yeh83vEVNmE/Trao6boSuWI/AAAAAAAAAP4/6_SavuPMGLA/s1600/wewelsburg.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; margin-bottom: 1em; margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="320px" src="http://2.bp.blogspot.com/-yeh83vEVNmE/Trao6boSuWI/AAAAAAAAAP4/6_SavuPMGLA/s320/wewelsburg.jpg" width="304px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;castillo de Wewelsburg&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;b&gt;H&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;ace años empecé a escribir con mi amigo el Dalai Agustinet una novela ambientada durante el invierno de 1939-40 en Wewelsburg, el castillo que Himmler convirtió en un centro de formación de las SS y en su Camelot particular. Ambos trabajamos febrilmente hasta que al cabo de unos meses nos cansamos y abandonamos lo escrito en un archivo adjunto de nuestros correos. Pasaron varios años y retomé el proyecto, ya en solitario, venciendo mis reticencias de hurgar en los aledaños de una de las peores llagas de la Historia. Había alcanzado un punto en el que mi conocimiento de la barbarie me llevó a una parálisis creativa, pero no por falta de argumentos, sino por miedo a banalizar con mis ficciones tanto mal, del modo, por ejemplo, en que lo había hecho una de las peores novelas que he leído, "El niño del pijama a rayas". Sin embargo, unas declaraciones de Imre Kertesz llenas de benevolencia y sensatez&amp;nbsp; sobre lo que ya se ha convertido en un género narrativo, tanto fílmico como novelístico -las de nazis-, en las que sugería que con el paso del tiempo estas obras serían las únicas garantes populares de la memoria, me llevaron a desempolvar aquellos folios.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Algunos de mis amigos se malician que por lo que llevo con esta historia debo de tener miles de folios redactados. Y otros -que salvo por el hecho de que nunca presumiría de ello se aproximan más a la realidad- piensan que soy una especie de &lt;b&gt;&lt;a href="http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/07/joe-gould.html"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: red;"&gt;Joe Gould&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/b&gt; que no teniendo nada que ocultar escenifica la ocultación de su trabajo. Pero no es el caso: ni voy a hablar de mi novela ni me voy a aprovehar de ella para dar&amp;nbsp;sablazos. Gould, que&amp;nbsp;soñaba con convertir Nueva York en la gran novela americana, descubrió a su protagonista tras mirarse en el espejo después de merendarse un montoncito de aceituas con sus correspondientes Martinis, mientras que al resto de personajes se lo encontraba en bares, plazas y albergues. No digo yo que en mi búsqueda de escritor no hayan tenido su importancia alguna que otra cerveza o unos cuantos vinos, pero mi viaje al pasado, a aquellos años de efervescencia nazi, justo al inicio de la II Guerra Mundial, lo he vivido casi siempre sobrio y gracias a novelas, biografías, ensayos, libros de Historia, periódicos de la época, documentales, transcripciones de crónicas radiofónicas, películas y cómics.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-e6S3bBbQFy0/Tre1nNlkXXI/AAAAAAAAAQA/btoTgpOT4es/s1600/osamuTezuka.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400px" src="http://2.bp.blogspot.com/-e6S3bBbQFy0/Tre1nNlkXXI/AAAAAAAAAQA/btoTgpOT4es/s400/osamuTezuka.jpg" width="271px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; De entre los últimos nombro aquí -en agradecimiento y como recomendación- los dos publicados hasta ahora de la trilogía de Jason Lutes, "&lt;b&gt;Berlín, ciudad de piedras&lt;/b&gt;" y "&lt;b&gt;Berlín, ciudad de humo&lt;/b&gt;" (en la editorial Astiberri), "&lt;b&gt;Amores frágiles&lt;/b&gt;", de Philippe Richelle y Jean-Michel Beuriot (en Ediciones Rossell)&amp;nbsp;y "&lt;b&gt;Adolf&lt;/b&gt;", de Osamu Tezuka (en Planeta). &lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Esta última es un manga de más de mil páginas que narra la historia de dos niños japoneses, amigos y extraños ambos en su propio país, uno por el origen alemán de su padre, y el otro, por ser hijo de inmigrantes judíos -circunstancias que, en una sociedad tan nacionalista como la nipona de los años 30, refuerza la relación entre ambos por el principio de solidaridad entre marginados, hasta que el padre del primero decide enviar a su niño a una "Adolf Hitler Schule" en Alemania.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Un tercer personaje interviene en esa relación, que se prolonga hasta casi las postrimerías del siglo XX: un periodista japonés que, en medio de su actividad profesional como enviado a Berlín para cubrir los Juegos Olímpicos, acude a una cita con su hermano -un estudiante próximo al partido comunista que por un tiempo está residiendo en esa ciudad- y se lo encuentra muerto.&amp;nbsp; La policía se desentiende del caso y el periodista inicia entonces una investigación plagada de obstáculos en la que unos documentos enviados por su hermano a Japón en los que se acredita las raíces judías de Hitler juegan el papel de MacGuffin, de modo que el relato adquiere tintes de novela negra y un ritmo frenético favorecido por una composición de las viñetas con una riquísima variedad de planos y angulaciones (fíjate, por ejemplo,&amp;nbsp; aquí a la izquierda, en ese plano en ligero contrapicado con efecto de gran angular en los edificios que encuadran la escena) y por su talento para fragmentar las secuencias de persecución, que son muy numerosas. Junto a lo cual destaco las panorámicas -sobre todo las que se refieren a los grandes despliegues propagandísticos nazis y a vistas de ciudades- y, por contraste con la limpieza de líneas general, aquellos planos en claroscuro, apenas perfilados, que describen momentos de gran intensidad emocional. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sin embargo, con ser todo esto&amp;nbsp;una parte importante de los méritos estéticos del trabajo de Tezuka, "Adolf" no pasaría de ser otro buen cómic más, si no fuera porque el argumento no es un mero enredo más o menos bien hilvanado, sino que&amp;nbsp;conlleva una pregunta de partida y desarrolla una respuesta: ¿cómo es posible que un niño llegue a convertirse en un asesino en serie condecorado y honrado por su perversidad? Hay un momento, al final de la&amp;nbsp;formación del joven Adolf en la "Adolf Hitler Schule", en que para demostrar su valía los muchachos deben pasar por un bautismo de fuego. Ahí los dibujos son de una enorme claridad,&amp;nbsp;no hay ningún subrayado retórico; más que en ninguna otra ocasión el dibujo del manga recuerda a los de Tintín.&amp;nbsp;Lo infantil que pueda haber en los trazos&amp;nbsp;remite con fuerza a la niñez que aún queda en el protagonista. El lector lo sabe, lo siente, y ve con angustia cómo el instructor le entrega la pistola a Adolf y le anima al asesinato.&amp;nbsp;Lo que sigue es una de las secuencias más violentas que he leído en un cómic.&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Ha pasado mucho desde que el tebeo pasó a llamarse cómic, y en ese camino ha habido hitos como "&lt;b&gt;Maus&lt;/b&gt;", de &lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: white; color: #222222; line-height: 14px;"&gt;Art Spiegelman, que mereció un premio Pulitzer, los cómics de Joe Sacco o "&lt;b&gt;Pyongyang&lt;/b&gt;", de Guy Delisle, por citar solo unos pocos que han consolidado el término de "novela gráfica" y han ampliado los horizontes del género. Con ellas "&lt;b&gt;Adolf&lt;/b&gt;", de Osamu Tezuka, pertenece a esas obras de arte que cumplen con lo que Jean François Forges dice en "&lt;b&gt;Educar contra Auschwitz: historia y memoria&lt;/b&gt;": evitan los riesgos del decaimiento y de la fascinación en la labor educativa de informar a los jóvenes contra la barbarie, &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-6154224747521480825?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/11/contra-auschwitz.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-yeh83vEVNmE/Trao6boSuWI/AAAAAAAAAP4/6_SavuPMGLA/s72-c/wewelsburg.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-4453849509123285541</guid><pubDate>Tue, 18 Oct 2011 10:39:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-10-18T03:39:17.021-07:00</atom:updated><title>El Bestiario del cisne</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-SYB8JJg1Go0/TpvdlioxBFI/AAAAAAAAAPI/O7w1_jOwzlY/s1600/bird49.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="263px" src="http://2.bp.blogspot.com/-SYB8JJg1Go0/TpvdlioxBFI/AAAAAAAAAPI/O7w1_jOwzlY/s400/bird49.jpg" width="400px" /&gt;&lt;/a&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;b&gt;H&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;ace tiempo que persigo a un cisne con la perseverancia con la que un cazador perdido rastrea en la nieve la presa que le va a servir de sustento un día más. La nieve es el papel, y los árboles y las matas tras las que se oculta, las letras de los libros por los que transito. Soy un lector solitario y mi cisne es un animal burlón y peregrino, aunque sé tan poco de él, que estas atribuciones hablan más de mi ignorancia e impaciencia que de sus mañas. Cuando creo que lo tengo, se me escapa, y así una y otra vez por bosques y por estepas, en una persecución de la que en un principio había pensado escribir un estudio de etnología literaria junto al relato de la búsqueda de sus orígenes, pero es tan ambicioso el proyecto, que asusta; y si se atiende a lo que llevo andado casi da risa, conque me conformo aquí con dar solo unos cromos de lo que llamo el “Bestiario del cisne”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;1.&lt;/b&gt; A veces he imaginado un principio: un estudiante al pie de una escalinata cuyos primeros peldaños se sumergen bajo las aguas del Ganges en el muelle de Harishchandra, en la ciudad de Benarés. El olor de las flores de las guirnaldas se pierde entre el humo de la pira donde arde el cuerpo del maestro, a quien aquel ahora le dedica su última ofrenda, una fábula escrita en sánscrito en una corteza de sauce que ya avanza despacio por el río sagrado. Y al cabo de un tiempo, mucho más abajo, en un meandro, unas mujeres lavan la ropa y encuentran la corteza, la recogen y buscan a alguien que se las lea. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;2.&lt;/b&gt; Ya no sé cuándo fue la primera vez que me lo encontré, pero sí cuándo empecé a preocuparme: en el acto decimonoveno de &lt;b&gt;&lt;i&gt;La Celestina&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;, en la famosa escena del encuentro de los dos enamorados en el huerto de la casa de&amp;nbsp; Melibea, dice esta: “¿Por qué me dexavas echar palabras sin seso al ayre con mi ronca boz de cisne?” Lo cual, por esa virtud que atribuye el Bestiario a esta ave de anunciar con el canto su propia muerte, vale por un presagio fúnebre que a ambos&amp;nbsp;incumbe. Así habla de los cisnes &lt;b&gt;Esopo&lt;/b&gt; en la fábula "El cisne y su amo", mientras que Platón, en &lt;i&gt;&lt;b&gt;Fedón&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;, hace decir a Sócrates: "al parecer, en lo que respecta a las dotes adivinatorias, soy, en vuestra opinión, inferior a los cisnes, que una vez que danse cuenta de que tienen que morir, aun cuando antes también cantaban, cantan entonces más que nunca y del modo más bello, llenos de alegría porque van a reunirse con el dios del que son siervos." (La traducción es&amp;nbsp; de Luis Gil) &amp;nbsp; &amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A veces he pensado que la tenacidad de los cisnes en mis lecturas -que alcanza hasta la homofonía en catalán de mi apellido- podría avisarme de algo funesto, pero en eso de morir me viene de familia una pereza tan grande, que conjura los agüeros. &lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="border: medium none; clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-Y-lBZ2rDq5M/Tpw7Yb3lGoI/AAAAAAAAAPY/fyn746oUssQ/s1600/lir-stamp-rough.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240px" oda="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-Y-lBZ2rDq5M/Tpw7Yb3lGoI/AAAAAAAAAPY/fyn746oUssQ/s320/lir-stamp-rough.jpg" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;3.&lt;/b&gt; A finales de los años treinta&amp;nbsp;del siglo pasado, Hans Christian Andersen publicó su cuento titulado &lt;b&gt;&lt;i&gt;Los cisnes salvajes&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;, en el que aparecen muchos de&amp;nbsp;los motivos de la mitología del cisne: los hermanos, el odio de la madrastra, la metamorfosis en esa ave, la envidia de la belleza de la hija, el distintivo de las coronas de oro, la promesa de silencio y su quebrantamiento.&amp;nbsp;Interviene ahí incluso el personaje de Fata Morgana -la hermanastra del Rey Arturo-, en plena actividad transformadora del paisaje, como un guiño que acerca el cuento a la mitología artúrica de Lohengrin, el caballero del cisne.&amp;nbsp; Pero, lógicamente, la historia no es de Andersen, quien se inspiró en uno de los "Cuentos daneses de hadas" de Mathias Winther, publicados quince años antes del suyo, quien a su vez se inspiró en una leyenda medieval irlandesa &lt;b&gt;&lt;i&gt;Los hijos de Lir&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;4.&lt;/b&gt; A finales del siglo XIII se escribió en Castilla el &lt;i&gt;&lt;b&gt;Libro de la Gran Conquista de Ultramar&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;, que narra los acontecimientos de la primera cruzada y en el que se incluye la "Historia del Caballero del Cisne", que, al parecer, es en parte una adaptación de una poesía épica francesa perdida. Se cuenta allí cómo la madre del conde Eustaquio interceptó una carta de su nuera Isamberta, en la que ésta le anunciaba el nacimiento de siete hijos varones, y cómo la falsificó diciendo que lo que había alumbrado era una camada de siete lebreles. Estaquio responde entonces que los maten. Por dos veces se incumple el mandato: la primera, porque el ayo encargado del infanticidio se apiada de ellos; la segunda, porque cuando la condesa madre se entera de que han crecido al cuidado de un pastor y ordena buscarlos y decapitarlos,&amp;nbsp; se produce la metamorfosis: les quitan los collares con los que nacieron y en ese momento emprenden el vuelo convertidos en cisnes. A su regreso de la guerra, el conde Eustaquio, para dirimir el conflicto de versiones entre su madre y su esposa, organiza un juicio de Dios. Isamberta no tiene paladín que la defienda, pero entonces llega a palacio&amp;nbsp; en una barca guiada por un cisne un caballero que toma partido por ella. Inmediatamente Isamberta se da cuenta de que es su hijo. Se produce el duelo y vence, restituyendo así el honor de su madre, quien busca los collares y se los pone a los&amp;nbsp; cisnes que han acudido a presenciar el combate, de modo que recobran su forma humana. Pero falta un collar, y así el cisne que conserva su forma de ave acompaña a su hermano, el caballero del cisne, aventura tras aventura.&lt;br /&gt;&lt;table cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="float: right; text-align: right;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-PETf9xwaNG0/Tp1W3k7dDbI/AAAAAAAAAPg/uCuwI7oohTg/s1600/c%25C3%25A9zanne.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; margin-bottom: 1em; margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="263" src="http://4.bp.blogspot.com/-PETf9xwaNG0/Tp1W3k7dDbI/AAAAAAAAAPg/uCuwI7oohTg/s320/c%25C3%25A9zanne.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;"Leda con cisne", de Cézanne&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp; Hasta ahí sería la leyenda. Lo que sigue es la conversión de toda esta fantasía en la genealogía heroica de un personaje histórico, Godofredo de Buillón, uno de los caballeros que encabezaron la primera cruzada. Pero ni siquiera esta mixtificación grosera ofende el gusto del lector, porque en ella aparece imbricado otro tema de gran fecundidad narrativa y mitológica: la prohibición a la amada de preguntar su identidad al amado (uno de cuyos primeros y más brillantes desarrollos leemos en la fábula de Eros y Psique, incluida en &lt;i&gt;&lt;b&gt;El asno de oro&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;, de Apuleyo, -obra que, por cierto, tiene a mi parecer mucho que ver con esta mitología general del cisne, aunque explicar esto aquí sobrepasa mis intenciones y,&amp;nbsp; probablemente también, la paciencia de mis lectores. &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;5&lt;/b&gt;. Mucho antes de que los caballeros se transfiguraran en cisnes, los dioses, haciendo gala de su jerarquía, ya dieron ejemplo -muy mal ejemplo- de cómo beneficiarse a una doncella esquiva mediante una metamorfosis. Nos lo contó Ovidio, lo pintaron Leonardo, Matisse, Cézanne y Dalí. Yeats y Rubén Darío, entre otros,&amp;nbsp; lo poetizaron.&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;i&gt;&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-4453849509123285541?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/10/el-bestiario-del-cisne.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-SYB8JJg1Go0/TpvdlioxBFI/AAAAAAAAAPI/O7w1_jOwzlY/s72-c/bird49.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-8583445419412377803</guid><pubDate>Mon, 26 Sep 2011 14:10:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-09-26T07:10:54.885-07:00</atom:updated><title>Jane Eyre , Jean Rhys</title><description>﻿ &lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;/div&gt;﻿ &lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-TwRmvgbll7U/ToBX78C7SGI/AAAAAAAAAPE/gQU5YzUWGzc/s1600/Jean+Rhys.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400px" src="http://1.bp.blogspot.com/-TwRmvgbll7U/ToBX78C7SGI/AAAAAAAAAPE/gQU5YzUWGzc/s400/Jean+Rhys.jpg" width="348px" /&gt;&lt;/a&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l inicio de &lt;em&gt;&lt;strong&gt;Jane Eyre&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; la protagonista se refugia en el alféizar de la ventana de una salita, oculta por una cortina de la mirada de sus primos, de la de la institutriz y de la de su tía, que la ha apartado del calor del hogar. "Ve a sentarte en algún sitio; y hasta que no tengas cosas agradables que decir, quédate callada." En sentido estricto la obliga a que abandone un momento de felicidad familiar junto a la chimenea; y en el metafórico vale por una expulsión del paraíso -redundante por la condición de huérfana de Jane; cruel, por esa misma redundancia, e injusta por la arbitrariedad de la madrastra, digo tía, en el trato hacia sus hijos y hacia su sobrina.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La lucha de Jane por corregir esa injusticia y conquistar el paraíso familiar (ganando progresivamente&amp;nbsp;el puesto de hermana, novia, esposa y madre) constituye el todo de esta novela, en cuyas raíces se adivina el cuento de la Cenicienta. Pero no es mi propósito aquí analizar la novela. Vuelvo a ese primer momento porque hallo en él una actitud que, más allá de lo anecdótico, supone una celebración de la lectura. Jane se esconde en la salita con un libro. A un lado, la cortina la separa de los otros. A través de la ventana, un mínimo paisaje campestre azotado por la tormenta. Ella está acurrucada y lee la "Historia de las aves británicas", de Bewick, cuyo texto le resulta en general tan poco atractivo como el título promete, pero en el que, sin embargo, halla páginas y grabados referidos a una geografía vasta y desolada que la cautivan: Islandia, Siberia, Groenlandia... "Con el Bewick en mi regazo era feliz, por lo menos feliz a mi manera".&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Conozco a mucha gente que, entre una vida sin aventura y un paisaje aburrido, en algún momento de su vida se sentó en el alféizar de la ventana con un libro en las manos, y ese libro era &lt;em&gt;&lt;strong&gt;Jane Eyre&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;. El sueño de una huérfana por amar y ser amada y su lucha por vencer con virtud y trabajo los obstáculos que a un alma grande puso un nacimiento humilde han alimentado fantasías e inspirado sueños, cuentos, novelas y películas. Pero incluso los cuentos de hadas a veces dejan entrever alguna sombra. En los sótanos de palacio, en la buhardilla de una torre, tras una puerta cerrada con llave y en cuartuchos con las ventanas cegadas habitan seres extraños, siniestros, a los que conviene mantener ocultos.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; "[...] Me sobresalté al oír un vago murmullo, extraño y funesto" dice Jane la primera vez que intuye la presencia de la criatura en Thornfield Hill, y a partir de entonces la acompaña -también al lector- la sensación de que hay en la casa algo maligno e innombrable. Más adelante, una noche en vísperas de su boda con Rochester, esos temores cobrarán forma en la alcoba de Jane, quien aterrada describirá así la aparición: "[... ] parecía una mujer alta y robusta, con cabellera abundante y morena cayéndole por la espalda. No sé qué llevaba puesto; era blanco y recto, pero, si era un vestido, una sábana o una mortaja, no pude saberlo [...] Espantosa y atroz me pareció [...] ¿Le digo qué me recordaba? [...] El vil espectro alemán: el vampiro."&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Durante la ceremonia del matrimonio el ocultamiento del "secreto repugnante" -en expresión de Rochester- se hace imposible y se descubre entonces que la criatura es su enloquecida esposa, que mantiene encerrada en el ático de la casa. La sombra de la inmoralidad cae sobre Jane, quien, a pesar de las explicaciones con las que&amp;nbsp;aquél hace ver como razonable su comportamiento, abandona furtivamente&amp;nbsp;Thornfield Hill, huyendo de la tentación y del pecado.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Noventa años después de que Charlotte Brontë escribiera "Jane Eyre" hubo una escritora que, desengañada y dolida por las explicaciones de Rochester, volcó su compasión no hacia Jane,&amp;nbsp;sino hacia Bertha Mason, la mujer encerrada. Se llamaba Ella Gwendolen Rees Williams, pero firmaba como Jean Rhys, y como el personaje de Bertha, a quien devuelve su dignidad al contarnos su historia, nació en una isla de las Antillas que abandonó, transcurrida su adolescencia, para irse a Inglaterra.&lt;b&gt;&lt;i&gt; Ancho Mar de los Sargazos&lt;/i&gt;&lt;/b&gt; es el título de su novela, que es mucho más que el desarrollo narrativo de un personaje secundario de &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Jane Eyre&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, más que el ajuste de cuentas con el príncipe del cuento, al que desenmascara, dejando al descubierto su condición de sapo, y más que un espejo que refleja las vergüenzas de la sociedad victoriana. Sin embargo, con ser todo ello méritos indudables, la novela tiene sificiente valor literario como para admitir una lectura independiente.&amp;nbsp; Hay en ella una voz, un tono y un ambiente característicos, que nacen de una relación con la tierra, vista no solo como paisaje, sino como historia, como olor, luz y temperatura, que empapa toda su prosa y que contrasta con la de la campiña inglesa, es decir, con la de &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Jean Eyre&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, tanto por el cambio de escenario (la tercera parte se desarrolla en Thornfield Hill) como por los de punto de vista.&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp; En un momento de la novela la protagonista&amp;nbsp;acude a una antigua criada negra, Christophine, para que haga un hechizo que le devuelva el amor de Rochester. Late allí una maraña de sentimientos, indescifrable y voraz,&amp;nbsp;como la selva en que se encuentran,&amp;nbsp;y cuyos efectos alcanzan al&amp;nbsp;lector.&amp;nbsp;&amp;nbsp;"Cuando pasa por mi puerta dice&lt;em&gt;: Buenas noches, Bertha&lt;/em&gt;. Ya nunca me llama Antoinette."&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Jean Rhys restituye a la Bertha Mason de la novela de Crarlotte Brontë su auténtico nombre -Antoinette-, y con él, su historia y su dignidad en lo que supone, más que un acto de justicia poética, la creación de&amp;nbsp;una obra maestra.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Nota:&amp;nbsp;las citas&amp;nbsp;de ambas novelas pertenecen a las ediciones de Mª José Coperías en la colección de "Letras universales" de la editorial Cátedra, las dos con traducciones de Elizabeth Power)&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-8583445419412377803?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/09/jane-eyre-jean-rhys.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-TwRmvgbll7U/ToBX78C7SGI/AAAAAAAAAPE/gQU5YzUWGzc/s72-c/Jean+Rhys.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-1114984155874412984</guid><pubDate>Fri, 02 Sep 2011 20:50:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-09-03T03:06:38.753-07:00</atom:updated><title>Desmemoria histórica (Luis de Tapia en Quart de Poblet)</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none; clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-60G7DFcKN5c/Tl-dyBG85GI/AAAAAAAAAO8/y5tkKhB37ok/s1600/insanity.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://1.bp.blogspot.com/-60G7DFcKN5c/Tl-dyBG85GI/AAAAAAAAAO8/y5tkKhB37ok/s320/insanity.jpg" width="320" xaa="true" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No lejos de casa, en el límite meridional de los paseos vespertinos con mi perro, hay una quinta de principios del siglo pasado, un edificio noble con forma de ele, de fachadas de sillería, tejado a dos aguas, vigas de madera y rejas de hierro forjado en&amp;nbsp; las ventanas. En su parte interior, un enorme patio convertido en selva por la desidia y el tiempo es refugio de pájaros, gatos y de algún vagabundo; mientras que los otros dos lados se abren a una calle y al parque homónimo de un&amp;nbsp; santo eremita africano, Onofre,&amp;nbsp;a cuya devoción -por mor de un viaje desde la Etiopía del siglo IV al Quart de Poblet del XIV- se le rinde culto en una ermita de doble espadaña y cúpula&amp;nbsp;azul cobalto como las que admiraron a Víctor Hugo en la cercana Valencia&amp;nbsp; 35 años después de que tuviera lugar aquí mismo la Batalla de San Onofre, en la que siete mil&amp;nbsp;civiles mal armados y mil soldados veteranos intentaron detener el avance de las tropas napoleónicas, como recuerda una copia en azulejos de un dibujo de Vicente López que decora una pared de la ermita.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Un rumor de agua acompaña esta evocación. Son las acequias de Quart y Benager-Faitanar, que emergen en este punto, donde hallan las compuertas de regulación de su caudal.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A menudo paseo hasta la ermita, me refresco en la fuente y descanso en un banco, a la sombra de&amp;nbsp;los cipreses, donde el&amp;nbsp; murmullo del agua y el calor me adormecen. Una urraca se posa en una rama, de donde el revoloteo de unas palomas la ahuyenta. Mi perro&amp;nbsp;endereza una oreja, abre un ojo y decide que no vale la pena malgastar un ladrido. Al cabo de un rato nos levantamos y caminamos perezosamente hasta el edificio abandonado. Es el antiguo psiquiátrico de Quart,&amp;nbsp;llamado también como aquel anacoreta etiope.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En el semillero de hipotéticos relatos que son mis carpetas de recortes de prensa encuentro una noticia del año 92 sobre un médico que se despertó una mañana convertido en un interno de esa casa. A lo que parece, su ex-mujer, muy harta ya, le adobó la cena con somníferos, le pidió a un psiquiatra amigo que se luciera con un informe y, hale, como en un chiste de Gila: oiga, ¿es ahí donde los locos? Pues que vengan, que les tengo preparado un paquete. Pero todo eso se acabó pronto. Los vecinos protestaron porque a la hora de la merienda de los nenes en el parque algunos locos salían de paseo, se mezclaban&amp;nbsp;entre la gente cuerda y no había manera de distinguirlos.&amp;nbsp;Por las noches, además, se oían las risas de los locos, que ya se sabe que son contagiosas y producen pesadillas. Por suerte para los vecinos, los nuevos aires en psiquiatría soplaban a su favor y muy pronto todos los pájaros volaron sobre aquel nido de cuco.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Menos afortunado que los últimos internos fue Luis de Tapia, de quien apenas ya no queda ni el recuerdo de su nombre, que rescato de las páginas de &lt;em&gt;&lt;u&gt;Las armas y las letras&lt;/u&gt;&lt;/em&gt; a raíz de unas lecturas relacionadas con mis artículos sobre los &lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/05/bohemios.html?utm_source=BP_recent"&gt;bohemios&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;. Escribe Andrés Trapiello en esa obra que se ha convertido en una herramienta imprescindible para el estudio de las implicaciones de los escritores en la Guerra Civil: "Loco en Valencia, transtornado por los acontecimientos de la guerra, terminó el&amp;nbsp;poeta coplero Luis de Tapia (Madrid, 1871-Quart de Poblet, Valencia, 1937). Las ediciones del Socorro Rojo le editaron sus coplas revolucionarias. La descripción de su enternamiento y entierro es una sombría estampa que pone los pelos de punta a las mismas escarpias. Arturo Mori en su muy interesante y raro "La prensa española de nuestro tiempo" trazó su retrato así: "&lt;em&gt;El poeta satírico de la República sintió&amp;nbsp;tan hondamente el derrumbamiento de las libertades españolas, que enloqueció y, conducido a un sanatorio cerca de Valencia, terminó su vida acusando a la Compañía de Jesús de todos sus males, como un gran actor al final del drama&lt;/em&gt;". &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Fue tan famoso en su época como hoy nos es desconocido (periodista, corresponsal de guerra, traductor de Goldoni, poeta, Galdós prologó una de sus obras dramáticas y Valle-Inclán le promovió un homenaje en el Círculo de Bellas Artes) y aunque no se puede considerar un desafuero literario que su obra se haya&amp;nbsp;relegado a&amp;nbsp;notas a pie de página, la desmemoria de su vida y, sobre todo, de las circunstancias de su muerte, es una clase de Historia que no deberíamos perder. José Esteban elabora con elegancia su perfil biográfico, en el que incluye un comentario de Isaac Pacheco, el editor de la&amp;nbsp;antología que menciona Trapiello: "Cuando España vuelva a su normalidad civil, interrumpida por el fascismo en su criminal sublevación, el pueblo demostrará a Luis de Tapia la gratitud que merece el poeta por su valiosa ayuda en defensa de las libertades populares".&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Cuarenta y cinco años después, nuestra confianza en la gratitud de nuestros representantes políticos hacia aquellos que pagaron con cárcel, psiquiátrico y vida su apuesta por las libertades anda algo mermada, y queda&amp;nbsp;la sensación de que tenemos una lección pendiente.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-1114984155874412984?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/09/desmemoria-historica-luis-de-tapia-en.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-60G7DFcKN5c/Tl-dyBG85GI/AAAAAAAAAO8/y5tkKhB37ok/s72-c/insanity.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>18</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-3686880615248486457</guid><pubDate>Sat, 06 Aug 2011 10:18:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-08-06T03:18:43.208-07:00</atom:updated><title>"La vida instrucciones de uso", de Georges Perec</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-zhbHFYZZ6Xs/TjvD8cQ_TXI/AAAAAAAAAO4/kptZXuCL1LM/s1600/finca2.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="277" src="http://4.bp.blogspot.com/-zhbHFYZZ6Xs/TjvD8cQ_TXI/AAAAAAAAAO4/kptZXuCL1LM/s320/finca2.jpg" t$="true" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Decía Mallarmé que "el mundo existe para llegar a convertirse en un hermoso libro", lo cual tiene su miga y da para más de una charla de bar, a menos que uno se llame Georges Perec y ande algo aburrido, porque entonces leer esa frase y marcharse a casa a escribir "La vida instrucciones de uso" es todo uno. En cambio, si se padece la desgracia, bastante extendida, por otra parte, de no llamarse Georges Perec, por mucho talento literario que se tenga, es mejor quedarse en el bar y seguir hablando, que es lo que hace un servidor a su manera sobre estas servilletas de papel ahora que me han dejado solo en una mesa del fondo. No les culpo: un tocho de 634 páginas asusta, sobre todo si en la contraportada se leen tonterías como esta: "obra maestra inclasificable -de la que se ha dicho que es un compendio tan enciclopédico como la&lt;em&gt;&lt;strong&gt; &lt;/strong&gt;Comedia&lt;strong&gt;&amp;nbsp;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;de Dante o los &lt;em&gt;Cuentos de Canterbury&lt;/em&gt; de Chaucer, y, por su ruptura con la tradición, tan estimulante como el &lt;em&gt;Ulises&lt;strong&gt; &amp;nbsp;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;de Joyce". Todo un ejemplo de baladronada crítica con una ráfaga de autoridad destinada a crear en el lector una sensación de ignorancia imperdonable por no haberla leído todavía. Dante, Chaucer y Joyce, ahí es nada el despropósito: tres referencias clásicas a la literatura asociada al viaje para elogiar una obra que se caracteriza por todo lo contrario, un movimiento mínimo en un espacio de unos noventa metros cuadrados, más o menos. De hecho, sus protagonistas lo son por su condición de vecinos de una finca de pisos de una calle de París, cuyas esmeradas descripciones constituyen una de las peculiaridades estilísticas más relevantes de la novela (por llamarla de algún modo): salitas, salones, comedores, dormitorios, cocinas, cuartos de baño..., con un gusto especial por las telas, el parqué, los cuadros, los libros, los gatos&amp;nbsp;y los pequeños objetos decorativos que suelen poblar estantes, mesitas y vitrinas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; "Busco a un tiempo lo eterno y lo efímero" es la cita que preside el último capítulo como una adivinanza escurridiza para delectación y entretenimiento de lectores. A continuación se adentra uno en el primer párrafo e inmerso ya en una de esas descripciones se pregunta si no es la alquimia de Perec que transforma lo banal en literatura la clave del acertijo. Pero, ojo, amigos, la mirada fisgona del narrador no se demora ahí, como suele, en el inventario notarial de muebles, complementos y detallitos. Por una vez el inicio de un capítulo no recuerda el listado de bienes del contrato de alquiler de un propietario obsesivo. El objeto que focaliza su atención nos resulta a esas alturas bien conocido y, siendo como es una caja negra, justo es que encierre el secreto de&amp;nbsp;aquella búsqueda.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Su dueño, de nombre Bartlebooth, es uno de los personajes más destacados del edificio literario de Perec. Primo hermano de Bartleby, comparte con él su apatía: "No le interesaban el dinero, el poder, el arte ni las mujeres. Tampoco la ciencia, ni tan siquiera el juego."&amp;nbsp;Pero a diferencia de aquél, su pulsión vital alcanza para más que el absentismo en una oficina y se orienta en un plan que&amp;nbsp;organiza toda su vida y cuyas etapas aparecen expuestas en el Capítulo XXVI:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; 1º. Aprendizaje del arte de la acuarela (10 años)&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; 2º. Viajes por el mundo pintando una acuarela cada quince días, hasta un total de quinientas marinas (25 años).&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; 3º. Reconstrucción de los puzles que había mandado elaborar con cada una de sus acuarelas. Media estimada: un puzle cada quince días (20 años).&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; 4º. Una vez terminado cada puzle, y gracias a un ingenioso procedimiento, se desprende de él entera la acuarela originaria, se remite al lugar donde fue pintada y, tras sumergirla en una solución detersiva, se consigue "una simple hoja de papel Whatman intacta y virgen".&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cada acuarela terminada y troquelada en un puzle de 750 piezas la guardaba Bartlebooth, a la espera de su composición y posterior destrucción, en una caja negra. El resultado, efímero; su recuerdo, lo contrario.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero no es la de Bartlebooth la única historia memorable del edificio. Al contrario, son tantas las historias relacionadas con sus moradores, que&amp;nbsp;por ello el responsable del texto de la contraportada menciona a Dante y a Chaucer, esquivando por alergia a lo popular lo que a cualquier aficionado a los tebeos nos parece obvio: que esta historia de historias sobre los habitantes de una finca de la Rue Simon-Crubellier ambientada alrededor de 1975 comparte con las de Ibáñez de "13 Rue del Percebe" una misma estructura inmobiliaria que deterrmina dos de sus rasgos más característicos: el protagonismo compartido y la posibilidad de una lectura no lineal mucho más libre que la de "Rayuela".&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Con todo, y a pesar de lo gráfica que resulta la analogía, el referente básico de esta obra de Perec, el que lo sitúa dentro de la tradición literaria francesa y desmiente de nuevo las palabras del desafortunado texto de contraportada, es "Papá Goriot", de Balzac, en cuyas primeras páginas leemos una descripción pormenorizada, estancia por estancia, de una pensión de la Calle Nueva de Santa Genoveva, con retrato e información de cada uno de sus inquilinos, protagonistas a su vez de otras de sus&amp;nbsp;novelas (Vautrin, Monsieur Poiret, Eugenio de Rastignac...).&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Entre mis notas de lectura encuentro un croquis de la sección de ese edificio: en la planta baja, aparte de las comunes, dos estancias; en el primero, dos habitaciones; cuatro en el segundo; una terraza y dos buhardillas. Las del segundo las ocupan la señorita Michonneau, papá Goriot y Eugenio de Rastignac, y queda&amp;nbsp; la única libre de la pensión, reservada -según el narrador- para gente de paso, pero que yo, en mi dibujo, asigno al propio Balzac en una osadía que es menos una suposición que un homenaje al genio creador del maestro, en cuyo "Papá Goriot" hallo ahora los cimientos del edificio de la Rue Simon-Crubellier.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-3686880615248486457?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/08/la-vida-instrucciones-de-uso-de-georges.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-zhbHFYZZ6Xs/TjvD8cQ_TXI/AAAAAAAAAO4/kptZXuCL1LM/s72-c/finca2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-6724006500171715905</guid><pubDate>Mon, 18 Jul 2011 10:34:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-07-18T03:39:27.207-07:00</atom:updated><title>Joe Gould</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-ZutWYDZfJHU/TiAXlF0CBvI/AAAAAAAAAOk/4DugDUYmLkY/s1600/aagouyld.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" m$="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-ZutWYDZfJHU/TiAXlF0CBvI/AAAAAAAAAOk/4DugDUYmLkY/s320/aagouyld.jpg" width="257" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Casi sin darme cuenta han pasado por estas páginas ilustres afectados de patologías literarias: metamorfos, vagos, bohemios, francotiradores y tarados en una procesión encabezada por un antiguo viajante de comercio transformado en insecto que me conduce ahora, atraído quizás por el olor del guano que jaspea su abrigo, a la figura de un vagabundo que da de comer a las gaviotas en un banquito del Village, en Nueva York. Rodeado por una aureola de mugre y obstinación, su familiaridad con las ratas del mar, cuyo lenguaje conoce y practica, no parece el resultado de un ingente esfuerzo lingüístico, sino la recompensa con la que el Espíritu Santo señala la santidad de los que eligen el camino de la pobreza. Así, con las greñas al viento, la barba indomable y la mirada encendida de los profetas, su estampa ilustra la inspiración para la vida de la que habla San Mateo, esos pajaritos "que no siembran, ni siegan ni recogen de graneros; nuestro Padre Celestial los alimenta". &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Es cierto que antes de alcanzar la despreocupación &amp;nbsp;de los beatos se dedicó a otros menesteres, pero ninguno tan lucrativo que pudiera empañar sus credenciales de vagabundo vocacional (estudiante en Harvard, activista por la independencia de Albania, antropólogo en Dakota del Norte -donde se ocupó de tomar medidas craneales a los indios chippewas-,&amp;nbsp;&amp;nbsp;reportero de la policía...). Al contrario, todas esas actividades nutrieron el caudal de historias con las que uno puede convertirse en alcohólico sin gastarse un céntimo. William Carlos William, Ezra Pound, o E.E. Cummings reconocieron ese talento para el relato y la bebida pagándole muchas de sus copas, aunque celebraban menos aquéllas basadas en sus experiencias laborales que las que él había tomado por calles y bares, picoteando como los pájaros, sin una estrategia previa, y que formaban ya parte&amp;nbsp;de una magna "Historia oral de nuestro&amp;nbsp; tiempo" que iba escribiendo en cuadernos que luego guardaba en escondrijos por la ciudad.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A su muerte, acaecida en 1957 en un sanatorio de NY, Joseph Mitchell, periodista&amp;nbsp;de&amp;nbsp; &lt;em&gt;The New Yorker&lt;/em&gt;, que quince años antes ya había publicado una semblanza sobre él titulada "El profesor&amp;nbsp;Gaviota", siguió la pista a esos cuadernos, de los que apenas pudo rescatar unos pocos, todos con el mismo título -"Muerte del doctor Clarke Storer Gould. Un capítulo de la Historia Oral de Joe Gould"- y con ligeras variaciones del mismo contenido.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El relato de esa búsqueda y del descubrimiento de la impostura genial que la motivó lo escribió Mitchell en "El secreto de Joe Gould" (editorial Anagrama), cuya lectura gratísima recuerdo aquí por esa procesión que digo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Después de&amp;nbsp;Mitchell hubo aún quien se tomó en serio lo de los cuadernos y hasta quien dio con algunas páginas garabateadas por Gould, entre las que brilla la siguiente frase&lt;em&gt;: Tengo un delirio de grandeza: yo mismo me creo Joe Gould&lt;/em&gt;,&amp;nbsp;que no sé si tomar por un chiste o por un testimonio de locura.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A quien se le ha llamado "el gran bohemio estadounidense" su "Historias oral de nuestro tiempo", tan ambiciosa como delirante, le merece sin contradecir aquel apelativo su ingreso en una cofradía más restringida, aquella entre cuyos miembros más insignes figuran Joseph Grand y el maestro Frenhofer.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Grand es un personaje de "La peste" que lleva empeñada una parte de su vida en la escritura de una novela, de la cual el doctor Rieux descubre que no ha superado la barrera de la primera frase. Y Frenhofer, el protagonista de "La obra maestra desconocida" de Balzac, es un pintor que vive durante diez años la creación de su cuadro definitivo con tanto ardor como empeño pone en ocultarlo, hasta que la obstinación y temeridad de dos colegas le obligan a mostrárselo, y entonces descubre en estos que ha vivido en el error: que su pasión creadora había turbado su propia mirada, y así por primera vez ve en la tela una maraña de de manchas y líneas de entre las que se escapa en un rincón la figura viva y deliciosa de&amp;nbsp;un pie de mujer:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; "-¡Así que soy un imbécil, un loco!&amp;nbsp;¡No tengo, pues, ni talento ni capacidad; no soy más que un hombre rico que cuando camina no hace sino caminar! De modo que no he producido nada."&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sin embargo, Frenhofer se rebela contra su descubrimento y antepone su pasión a la mirada de sus colegas, que es la de los lectores, en una actitud heroica e insoportable que solo mantienen unas horas, pues esa misma noche fallece. En cambio,&amp;nbsp; en el caso de Joe Gould&amp;nbsp; la revelación del alcance de su obra se produce justo después de su muerte. Y en Grand -el personaje de Camus- su preocupación&amp;nbsp;literaria&amp;nbsp;se da en medio de la muerte y la desolación como un pequeño brote de esperanza.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Son muchas las consecuencias y reflexiones a las que invita la relación entre las obras y actitudes de Gould, Grand&amp;nbsp;y Frenhofer. Uno diría incluso que las tensiones entre exhibición y ocultamiento, entre la revelación y la muerte nos incumben mucho más de lo que nuestro deseo y capacidad pueden admitir, pero esto es ya una cuestión a la que cada lector deberá enfrentarse, pues son honduras de la experiencia que no conviene vivir por delegación.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-6724006500171715905?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/07/joe-gould.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-ZutWYDZfJHU/TiAXlF0CBvI/AAAAAAAAAOk/4DugDUYmLkY/s72-c/aagouyld.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-828364355021193069</guid><pubDate>Tue, 28 Jun 2011 10:02:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-06-28T13:38:15.883-07:00</atom:updated><title>Bartleby en el trapecio</title><description>&lt;div style="border: medium none; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="border: medium none;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-fR8d5EUcgDs/Tgg-_L77NSI/AAAAAAAAAOM/Rn5NDWPaZOg/s1600/trapecista_by_luzoscura84.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="248" i$="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-fR8d5EUcgDs/Tgg-_L77NSI/AAAAAAAAAOM/Rn5NDWPaZOg/s320/trapecista_by_luzoscura84.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Primo hermano del ayunador profesional del que hablamos ayer, el artista del trapecio, protagonista del relato de Kafka del mismo nombre, exhibe como su primo una actitud de negación respecto a lo que los demás consideraríamos lógico. No leemos ahí nada sobre su talento para los giros, su seguridad en los mortales o la elegancia de su esfuerzo. Todo se lo lleva su empeño en&amp;nbsp;no bajarse del trapecio, a semejanza de la determinación de los moradores de las peceras, solo que con algunos inconvenientes más para el prójimo y, sobre todo, con un último deseo manifestado al director del circo como requisito indispensable para su continuación en la empresa: un quid pro quo delirante que&amp;nbsp;agrava la soledad que pretendería resolver: que se instale un trapecio más bajo la carpa. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="border: medium none; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="border: medium none;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ambos relatos los menciona Vila-Matas en "Bartleby y compañía" como casos ejemplares de &lt;i&gt;artistas del No&lt;/i&gt;, pero como la compañía a la que se refiere no es tanto la de personajes como la de autores aquejados voluntariamente de&amp;nbsp;parálisis literaria, pues tanto el ayunador como el trapecista no salen de su cita y aunque, consciente de que la proximidad de ambos a Bartleby merecería algo más que ese cameo, Vila-Matas se invente unas páginas después la categoría de "Scapolo" -un cruce de Bartleville y del Soltero de Kafka que bien podría aplicarse a esa pareja de artistas- la olvida en el momento de su creación y ahí se queda en &amp;nbsp;medio del libro como un calcetín desparejado colgado del tendedero. Una lástima, porque además de ahorrarme este texto, hubiera podido redondear los capítulos 19 y 24 de su novela con una referencia que le ofrecía en bandeja Georges Perec, uno de sus autores más admirados. Pero para mi desgracia -y acaso para la de algún otro lector- no es que la esquive, sino que la rechaza. En una carta de un Robert Durain en respuesta a otra del narrador en la que éste le pide que le eche una manita con los bartlebys leemos: "Sigue una frase de Georges Perec, que nada tiene que ver con el tema de la negación o la renuncia ni con nada de lo que usted indaga." La frase es buena, desde luego: "Durante mucho tiempo me acosté por escrito", y casi que me despierta las ganas de&amp;nbsp;abundar a partir de ella en la delegación de la vida en la literatura de algunos autores, pero preferiría no hacerlo y -lo que es peor-, seguramente ustedes también. Volvamos a Perec, pues.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-5YR963yOl28/TgmWe2TYa8I/AAAAAAAAAOQ/xWIon-xWjJc/s1600/Georges+Perec.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" i$="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-5YR963yOl28/TgmWe2TYa8I/AAAAAAAAAOQ/xWIon-xWjJc/s1600/Georges+Perec.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="border: medium none;"&gt;&amp;nbsp;Este Derain, además de un sablista de baja estofa, se equivoca de punta a cabo en lo que dice de aquél. ¿Qué mayor negación se puede pedir a un escritor en francés que la renuncia a la vocal "e", tal como Perec en &lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="color: blue;"&gt;La disparition&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;? A lo cual, para no extenderme, añadiré solo la historia que incluye en el capítulo XIII de &lt;i style="color: blue;"&gt;&lt;b&gt;La vida, instrucciones de uso&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;, dedicado a Rémi Rorschash, un empresario muy versátil que empezó su carrera en espectáculos de variedades con imitaciones de cómicos americanos (Max Linder, Buster Keaton, Harold Lloyd, Stan Laurel) y quien tras una etapa desafortunada dedicada a números musicales recaló en el mundo del circo, con lo que llegamos al meollo del asunto, pues se convirtió en representante de un trapecista cuya habilidad como acróbata iba de la mano de su costumbre de no bajarse del trapecio. "El público corría a los music-halls y a los circos donde actuaba para verlo no solo ejecutar sus ejercicios sino dormir la siesta, lavarse, vestirse y tomarse una taza de chocolate en la estrecha barra del trapecio". Y lo que sigue es una variante&amp;nbsp;-un ejercicio de estilo, podría decirse- del relato de Kafka, cuya mayor innovación respecto al original es el suicidio del trapecista en respuesta a una tentativa de rescate&amp;nbsp;por los bomberos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="border: medium none;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Afirma Gilles Deleuze en "Bartleby o la fórmula" que este personaje de Melville, al que emparenta con los funcionarios de Kafka, representa una nueva lógica, "la de la preferencia", que viene a oponerse a la "lógica de los presupuestos" socavando los principios del lenguaje y, por ende, los de la sociedad. Son palabras mayores, desde luego. Lo de la oposición a la lógica de los presupuestos lo acepto con gusto, porque el humor que encuentro tanto en "Bartleby el escribiente" como en gran parte de la obra de Kafka nace de la frustración de&amp;nbsp;los presupuestos del lector.&amp;nbsp;Es un humor negro que&amp;nbsp;habitualmente nos negamos a reconocer porque nos acomete un mal&amp;nbsp;más extendido aún que la parálisis literaria que comenta Vila-Matas, un hambre de trascendencia que degenera en el delirio interpretativo, lo cual a su vez puede ser causa de humor. Antes solía tener cada año un Bartleby en mis clases, alguien que&amp;nbsp; no hacía nada, que prefería no estar y que te miraba con lástima ante&amp;nbsp; la&amp;nbsp; futilidad de algún suspenso. Ahora, en cambio, desde que leí el texto de Deleuze, me cuido mucho de esos tipos, descubro en ellos retrospectivamente una actitud aviesa&amp;nbsp; y me temo que son ellos los que han empezado a socavarme. &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-828364355021193069?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/06/en-el-trapecio-con-melville-kafka-y.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-fR8d5EUcgDs/Tgg-_L77NSI/AAAAAAAAAOM/Rn5NDWPaZOg/s72-c/trapecista_by_luzoscura84.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-2208904063435562530</guid><pubDate>Sun, 12 Jun 2011 20:55:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-06-12T13:55:28.032-07:00</atom:updated><title>Bohemios (2)</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-d6785ngxMRU/TfUmkSm8EBI/AAAAAAAAAKU/05pvbvWwcW0/s1600/black-panther.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="284" src="http://3.bp.blogspot.com/-d6785ngxMRU/TfUmkSm8EBI/AAAAAAAAAKU/05pvbvWwcW0/s320/black-panther.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; En &lt;strong&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: blue;"&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/kafka/hambre.htm"&gt;Un artista del hambre&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/strong&gt;, el relato que mencioné en mi desvarío anterior, hay un diálogo estelar sobre el aplastamiento al que lleva Kafka a sus protagonistas en cada encuentro con la autoridad. Después de una vida dedicada a la exhibición en circos y ferias de un cuerpo estragado por largos periodos de ayuno, el artista desfallece en un rincón de su jaula, abandonado ya del favor de su público. Es entonces cuando se le acerca un inspector de policía, a cuyas preguntas responde aquél:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;em&gt;-Porque me es forzoso ayunar, no puedo evitarlo -dijo el ayunador.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Eso ya se ve -dijo el inspector-; pero ¿ por qué no puedes evitarlo?&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Porque -dijo el artista del hambre levantando un poco la cabeza y hablando en la misma oreja del inspector para que no se perdieran sus palabras, con labios alargados como si fuera a dar un beso-, porque no pude encontrar comida que me gustara. Si la hubiera encontrado, puedes creerlo, no habría hecho ningún cumplido y me habría hartado como tú y como todos.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El policía (y con él el lector) descubre entonces que el dolor y el ayuno no son frutos de una vocación, sino de una carencia, y este conocimiento, tan lógico como inaceptable, le aturde y decepciona. En el relato va unido a la muerte del ayunador, pero no como algo abstracto, sino en su materialidad más ingrata: un cadáver que retiran unos operarios junto a la paja que ensucia. Por el contrario, &amp;nbsp;la nueva inquilina de la jaula -una pantera- concita el aplauso y la admiración.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Como simpre ocurre con Kafka, a uno le asalta la incertidumbre interpretativa y no acaba de decidir a quién atañe la historia, si al gremio de los feriantes, al de los escritores checos en lengua alemana y de religión judía apocados ante sus padres, al lector o a todos nosotros. Cabe entonces arraigar la historia al momento en que se escribió, y entonces la sustitución de un sucedáneo de fakir por el felino -es decir, la banalización del sufrimiento por la apoteosis depredatoria- puede resultar reveladora de un futuro que en el año 1922 apenas se atisbaba. En este sentido &lt;b&gt;&lt;i&gt;Un artista del hambre&lt;/i&gt;&lt;/b&gt; es un ejemplo de análisis y predicción, uno de esos casos tan raros en los que se superponen sobre el papel la vida y el destino.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En uno de sus célebres aforismo dice Cioran que "sólo se le encuentra sabor a los días cuando se escapa a la exigencia de tener un destino". Si Q entonces no P. La bolsa o la vida..., aunque lo primero sea una muchedumbre arremolinada en torno a la jaula o, incluso, un libro impreso. Al ayunador se le marchita el laurel cuando el público empieza a cansarse del espectáculo. Carencia y exhibición -decíamos-, los rasgos indisociables del bohemio. Pero qué fue de su destino: aquel adosado con jardín en el Monte Parnaso. Como si no hubiera bastado con el desprecio, la absenta y el plomo de las imprentas, a los bohemios españoles que llegaron vivos al 36 se les echó encima la Historia como una pantera, y el sueño del adosado acabó entre las paredes de la celda de una cárcel o de un manicomio. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-2208904063435562530?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/06/bohemios-2.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-d6785ngxMRU/TfUmkSm8EBI/AAAAAAAAAKU/05pvbvWwcW0/s72-c/black-panther.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-5068715396963600334</guid><pubDate>Fri, 27 May 2011 10:31:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-05-27T03:31:55.608-07:00</atom:updated><title>La mirada de Kafka</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none; text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="border-collapse: collapse; font-family: arial, sans-serif; font-size: 13px;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;strong&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-NwacZZycRZI/Td1v8up2YaI/AAAAAAAAAKI/ad7vHgxg6No/s1600/kafkaeyes.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="137px" src="http://1.bp.blogspot.com/-NwacZZycRZI/Td1v8up2YaI/AAAAAAAAAKI/ad7vHgxg6No/s400/kafkaeyes.JPG" width="400px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="border-collapse: collapse; font-family: arial, sans-serif; font-size: 13px;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;"&gt; Hace años que Kafka no me quita ojo cuando escribo en la mesa de mi cuarto. A veces logro olvidarme de él, pero cuando me doy la vuelta, siempre chocan nuestras miradas y entonces me achanto, hago una pelotilla y tiro lo escrito a la papelera. Durante algún tiempo confié en que el poder de su mirada menguaría a medida que mi edad igualara los cuarenta años de la suya, pero nada. Ni la barrera a la que me obliga la presbicia me protege. Todo lo atraviesan sus ojos: las gafas, el cristal del marco de su fotografía, mi mirada o mi cogote. Yo creo que fue el deseo de librarme de ella lo que me convirtió en un escritor callejero. En el metro, en los bares o en los parques, escribiendo siempre en el reverso de papeles usados, incluso en servilletas o en los márgenes de los periódicos me siento libre de aquella presencia y de toda ambición, las oraciones no se me deshilachan ni me chorrean los adjetivos al cabo de cualquier sintagma. Pero estos días, después de publicar el artículo “Bohemios” me castiga con fuerza la picazón kafkiana. Mi psiquiatra me dice que tal vez se deba a la serie que dediqué a Kafka, a Elvis y a sus respectivas &lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.zapatosdeanteazul.com/2010/12/de-kafka-elvis-2.html"&gt;&lt;span style="color: magenta;"&gt;metamorfosis&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;, aunque yo sé que no cree en su conjetura, que la suelta a ver si pico, porque a lo que parece hay pastillas en la farmacia contra las conspiraciones esquizoides -incluso contra las protagonizadas por escritores checos-, pero lo de las miradas que te atraviesan el colodrillo mientras redactas está más complicado y, desde luego, no entra en la Seguridad Social.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Por lo privado, pues, &amp;nbsp;visito el viernes a un psicólogo y psicoanalista. La primera impresión es excelente: fuma en pipa, luce sotabarba y&amp;nbsp; un estante de la librería de su despacho está repleto de figuritas raras. Por lo demás, lleva una mancha de aceite en la corbata y al hablar asperja de saliva una zona que alcanza en los momentos más efusivos hasta medio metro de distancia de su boca.&amp;nbsp;Muy solemne, al transcurrir la&amp;nbsp;sesión me comunica que&amp;nbsp;padezco&amp;nbsp; una proyección fantasmal debida a una introspección traumática en mi subconsciente. Le digo que no entiendo nada, él sonríe satisfecho y me explica que en realidad yo no veo ninguna mirada, que todo se debe a una metáfora. Ahí empiezo a marearme y me entran arcadas. Resulta que los ojos no son los ojos de Kafka, sino los de un cuervo que me he creado y que no me atrevo a reconocer. Sí, amigos, un cuervo, que es una sencilla traslación de un pariente próximo, el grajo, que es justamente lo que significa "kafka" en checo y el emblema comercial, en negro y sobre una rama, que utilizaba la familia de su padre. Es, por tanto, el pico del grajo lo que me incordia, al igual que otro pariente, el buitre, le abría la úlcera a Prometeo. Y así llegamos, por otro camino, a lo mismo que mi psiquiatra: la culpa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Flaubert en vez de aves de rapiña tenía un loro, que&amp;nbsp;al menos te alegra con sus colorines y&amp;nbsp;se da más maña en lo lingüístico. Le cogió tanto cariño, que cuando se murió lo llevó a que se lo disecaran, pero ya me dirán ustedes cómo diseco yo&amp;nbsp;una metáfora, y eso en el supuesto de que se muera. Total, que salgo desmoralizado de la consulta y desciendo al metro, donde me tranquiliza la certeza de que por allí no frecuentan los pájaros. Luego me acomodo en un asiento y me pongo a escribir lo que tienes delante, pero como el trayecto y mi inspiración son cortos recorro la línea un par de veces de punta a cabo hasta que doy con la relación entre Kafka y el artículo que desencadenó el ataque de metáfora. Uno: que&amp;nbsp;K., como natural y residente&amp;nbsp;en Praga toda la vida, es un bohemio en su acepción de gentilicio, pues tal capital también lo es de la región de Bohemia. Y dos: si la marca del bohemio es, como he señalado, la carencia y la exhibición, la obra que mejor ilustra ese maridaje es, sin duda, &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Un artista del hambre&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-87JtevZpLQI/Td98KuGI1AI/AAAAAAAAAKM/bNGd6Lm2ElE/s1600/jackdaw.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="200px" src="http://4.bp.blogspot.com/-87JtevZpLQI/Td98KuGI1AI/AAAAAAAAAKM/bNGd6Lm2ElE/s200/jackdaw.jpg" t8="true" width="200px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tras este hallazgo, la mirada, el grajo o la metáfora se desvanecen, al menos de momento, y con ellas mis reservas para publicar este artículo, pues la lectura de ese relato a la que posiblita un simple &lt;a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/kafka/hambre.htm"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color: magenta;"&gt;clic&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt; compensa de sobra al lector de haber soportado esta monserga.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;(Nota para mí: he guardado en la cartera la publicidad del hipnotista que he recogido del suelo del andén.)&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-5068715396963600334?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/05/la-mirada-de-kafka.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-NwacZZycRZI/Td1v8up2YaI/AAAAAAAAAKI/ad7vHgxg6No/s72-c/kafkaeyes.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-7873015529282930294</guid><pubDate>Fri, 13 May 2011 21:25:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-05-13T14:25:10.353-07:00</atom:updated><category domain='http://www.blogger.com/atom/ns#'>literatura y suciedad</category><title>Bohemios</title><description>&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: 11.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: blue; font-size: x-large;"&gt;&lt;b&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; Bohemios&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: 11.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;table cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-JSwFBI1aQ4I/Tc2AM3HdMiI/AAAAAAAAAJw/BTrcKfInrzM/s1600/sawa.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; margin-bottom: 1em; margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="328" src="http://2.bp.blogspot.com/-JSwFBI1aQ4I/Tc2AM3HdMiI/AAAAAAAAAJw/BTrcKfInrzM/s400/sawa.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;Alejandro &amp;nbsp;Sawa con sus compañeros de la redacción de "La vida literaria"&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: 11.2pt; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;entro de ese proyecto de Historia de la gandulería literaria del que hablé hace &lt;a href="http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/04/apuntes-para-una-historia-de-la.html?utm_source=BP_recent"&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: purple;"&gt;poco&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/a&gt;, el capítulo de los bohemios presenta contornos borrosos entre la ficción y la historia, pues los mejores personajes son precisamente los autores, quienes alcanzan ese estatus gracias a lo que&amp;nbsp; cuentan otros de sus vidas en un surtido narrativo que va del chiste o la anécdota a la novela y el esperpento. Para ser bohemio se requería ser pobre, tener ambiciones artísticas, atentar contra el buen gusto, no ceder, dejarse el pelo largo y beber absenta. Luego, si se tenía una novia esquiva y un poco de tuberculosis, mejor que mejor. Pero desde que Koch descubrió su bacilo y echó al traste la creencia de que esa mácula en la salud era la huella que dejaban las musas en un espíritu sensible, aquella enfermedad perdió su halo romántico, lo cual afectó de rebote a la imagen del bohemio, aunque sin la contundencia que cabría esperar, pues frente al carácter infeccioso que desvelaba la medicina, “La Bohème”, de Puccini, y otras similares seguían alimentando el mito. Lo paradójico es que Henri Murger, el autor que popularizó el sentido de “bohemio” tal como hoy lo entendemos y como figura en el diccionario –“persona de costumbres libres y vida irregular y desordenada”- asociado a los artistas en su famosa novela “Escenas de la vida bohemia” (1848), lejos de idealizarlos, se burlaba abiertamente, pues el caudal del talento de sus protagonistas no se vertía en poemas, dramas o folletines malditos, sino en menesteres tal como redactar epitafios o dar clases particulares de solfeo a un loro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: 11.2pt; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No menos impropios del oficio de bohemio fueron los paseos nocturnos, las visitas a casas de empeño, la declamación de poemas simbolistas, las colaboraciones en prensa y, el más importante de todos, la creación de obras maestras desconocidas. Quizás por todo ello a estos artistas se les miró con indiferencia cuando eran jóvenes y con desprecio cuando veteranos. Baroja, un hombre serio desde su más tierna juventud y que les supo sacar jugo literario escribió en un artículo titulado “Bohemia madrileña”: “El bohemio no sólo es vanidoso, sino que es ególatra, siente admiración por sí mismo. Si se ve humilde, desdeñado y solo, va casi siempre gozando con su desgracia interior; si está enfermo o triste, llega también a gozar. Hay esos placeres paradójicos y malsanos en los fondos turbios de la personalidad humana”. Ahí está el meollo: la carencia unida a la exhibición, una fórmula que nos cuadra como una joroba a un campanero, al punto que hoy, en vez vez de ser una actitud marginal y heterodoxa, es un modelo. Sin embargo, y a pesar de que en ínfulas artísticas y literarias vamos sobradísimos, lo de pobre y rebelde -que acompañaban al bohemio- ha dejado de ser una vocación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: 11.2pt; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Uno de nuestros mejores bohemios, Alejandro Sawa -inmortalizado como personaje por Valle-Inclán en el Max Estrella de "Luces de bohemia"-, escribió en su diario póstumo, "Iluminaciones en &amp;nbsp;la sombra": "Prefiero el hambre al insomnio, porque prefiero la muerte a la locura. Yo sé que la demencia aguarda a las noches sin sueño". Y en efecto, murió ciego y loco, lo mismo esto último que &amp;nbsp;otro de los miembros más conspicuos de la cofradía, Armando Buscarini, que acabó sus días esquizofrénico y sifilítico en el manicomio de Logroño, mientras que Pedro Luis de Gálvez, también gran representante de la bohemia madrileña, murió en el año 40 fusilado en el paredón, acusado de "conspiración marxista" como para dar la razón a su colega Max Estrella en lo del esperpento.&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Hoy ya pocos conocen a esos autores, y menos aún son los que han leído alguna de sus obras, pero que levante la mano quien no haya sufrido alguna vez a Julio Iglesias cantando "soy un truhán, soy un señor,/ un poco bohemio, soñador". Pues eso: carencia y exhibición.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-7873015529282930294?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/05/bohemios.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-JSwFBI1aQ4I/Tc2AM3HdMiI/AAAAAAAAAJw/BTrcKfInrzM/s72-c/sawa.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>14</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-2391249896845004579</guid><pubDate>Sun, 24 Apr 2011 21:07:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-24T14:24:49.064-07:00</atom:updated><category domain='http://www.blogger.com/atom/ns#'>geografía literaria</category><category domain='http://www.blogger.com/atom/ns#'>Elvis y compañía</category><title>TUPELO</title><description>&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp; "Tupelo fue fundada tres veces. La primera por unos indios chickasaw quienes, dejando atrás tierras más hostiles, se instalaron en estas colinas del noreste de Tennessee. La segunda, en 1880, cuando el triunfo de su propuesta para el trazado de la línea férrea de San Luis a San Francisco convirtió la ciudad en un enclave ferroviario que, en medio de una vasta zona conocida como el &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Cotton Belt&lt;/i&gt;, propició su rápida industrialización. Fruto de ello Tupelo alcanzó en las siguientes décadas un desarrollo que le mereció los apelativos de “la primera ciudad del noreste del Misisipi” y &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;the city beautiful&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/--Fxtgu8IX2s/TbSOYm-T0dI/AAAAAAAAAJo/EgQLQH7E7R4/s1600/tupelo.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="298" src="http://1.bp.blogspot.com/--Fxtgu8IX2s/TbSOYm-T0dI/AAAAAAAAAJo/EgQLQH7E7R4/s400/tupelo.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp; Fuera de esa prosperidad y de esa belleza quedaban los suburbios del este y los barrios de los negros. En uno de los primeros Vernon Presley y su hermano Vester construyeron la cabaña donde el 8 de enero de 1935 el nacimiento de Elvis marcó la tercera fundación.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Esa humilde casa es hoy el sancta sanctorum de un parque temático dedicado al Rey del rock and roll que incluye una tienda de regalos, la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Elvis Presley Memorial Chapel&lt;/i&gt;,&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt; &lt;/i&gt;una capilla construida gracias a las donaciones de los fans, un muro de granito en el que se leen anécdotas protagonizadas por el niño Elvis y sus amiguetes en Tupelo, una estatua en bronce de Elvis a los trece años, un museo donde se repasa su vida y que alberga una buena colección de su vestuario, y un amplio espacio ajardinado para solaz de los numerosos visitantes que vienen cada año al parque.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Muchos de ellos aprovechan la celebración del aniversario de la muerte del Rey para peregrinar hasta aquí y cumplir con un deseo que tiene algo de religioso: la intuición de que hay algo trascendente en la vida de Elvis.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; En las primeras páginas del comentario a la vida de E.P. que figura al final de su &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Antología de la Biblia&lt;/i&gt;, el reverendo Ervert Felton Dorsey desarrolla la idea de esa trascendencia comenzando con un repaso a los prodigios naturales que anunciaron el nacimiento del ilustre tupelita y con una comparación del pesebre de Belén con esta cabaña de dos habitaciones y dos bombillas. Pero muy pocos de los seguidores del Rey que esta mañana se alinean en la cola que hay que guardar para tener acceso a ella deben de haber leído esas páginas del reverendo capitán. Su convencimiento religioso no viene de los libros sino de su intuición: para ellos el sentimiento que les despierta una canción de Elvis es muchísimo más elocuente y fecundo que cualquier analogía, porque su influencia se extiende, como en el caso de un santo, a cualquier circunstancia que tuviera que ver con su vida, ya sea un lugar como el que hoy nos congrega aquí, o una pertenencia, como esos pequeños retales de su ropa que venden en la tienda de regalos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;La actitud con que esperan su entrada en la casa es muy reveladora de la devoción que le profesan. Ahí tenemos a los veteranos que alardean de su presencia, como si la visita a esta cabaña fuera lo mismo que atravesar el cabo de Hornos; a los que llegan aquí por primera vez y sus nervios les despiertan una locuacidad incontrolable, a este Elvis puertorriqueño con pinta de mariachi, por ejemplo; a los que soportan la espera, los consejos de los primeros o las historias de los segundos en silencio, como si fueran penalidades necesarias; y a los turistas que pasaban por allí y se han dicho bla bla bla…, y todo lo fotografían y todo lo graban en sus cámaras y, fascinados por la concentración de replicantes del Rey, se les acercan, les saludan y les piden permiso para fotografiarse con ellos o, peor todavía, les saludan con mucha educación, sacan su móvil del bolso o de su mariconera y les dicen que hoy es el cumpleaños de su madre, que no ha podido venir, la pobre, y que le haría mucha ilusión si le cantaran algo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;[...]&amp;nbsp;Es una capilla pequeña, luminosa y moderna que no tiene nada que ver con los estilos predominantes en la arquitectura religiosa de la zona: el pastelito neogótico y el garaje pelado. Construida gracias a las aportaciones de devotos de Elvis de todo el mundo, guarda para éstos un significado especial difícil de precisar, que va desde la consideración para algunos como algo parecido a una capilla católica dedicada a la advocación de un santo, a las tres estrellas con que es calificada en la “Guía Thompson &amp;amp; Fowler de Capillas con Encanto”: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;un lugar privilegiado donde celebrar una boda al más puro estilo Elvis que compite en gracia y clase con las mejores de Las Vegas&lt;/i&gt;” (sic).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Pero más allá del culto y la ceremonia, esta construcción es un lugar de meditación donde, con más sosiego que ante la tumba de Elvis y de sus padres en los jardines de Graceland, los asistentes dejan libres sus mentes al recuerdo del Rey, por lo general ya bastante alterados con la previa y preceptiva visita a la cabaña. Con todo, para que esa meditación no resulte demasiado errática, los artífices de la capilla diseñaron una vidriera que, como ejemplo maravilloso de ese mezcladillo trascendental que tanto gustaba al Rey, representa en sus líneas y colores una especie de mandala tibetano, sólo que sus motivos, más occidentales, apuntan a un sincretismo de los frescos de la Capilla Sixtina con los de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Las 4 Rosas&lt;/i&gt;. Ahí están, enmarañados en un dédalo de líneas y colorines, el brazo que sale del cielo hacia los mortales como diciendo vosotros sois unos pobres desgraciados, miserables, pero no os preocupéis, porque yo os doy mi aliento, os toco así y ya está. Ahí figuran también dos anillos entrelazados, el símbolo de la alianza entre los dos contrayentes que tienen la fortuna de sellar su unión en esta joya tres estrellas de la Guía Thompson &amp;amp; Fowler. Pero también, la alianza entre Elvis, que tenía la costumbre de regalar anillos en sus conciertos, y sus fans, que compran ahora réplicas de plata con las iniciales TCB (Take Care of Business) y el logo del rayo zigzagueante por diez dólares.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En fin, en esta capilla, en un ambiente de admiración y recogimiento donde los temas del Rey, cantados en silencio o en forma de bisbiseos, ronroneos, sordos murmullos a lo sumo, se acompasan misteriosamente en una especie de om colectivo, se instalan Elvis, Angelito y Cheguevara, cada cual a lo suyo, a&amp;nbsp; sus recuerdos y a sus canciones en sordina, que, ya digo, conforman de consuno una oración, un rosario interminable, como si dijéramos, con sus misterios y todo, cuyos oficiantes van renovándose, poco a poco, a medida que unos salen y otros entran.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;En el fondo, tal vez esa espiritualidad no sea muy distinta a la que respiró Elvis cuando con poco más de dos años Vernon y Gladis le llevaban a los oficios dominicales del Templo de la Asamblea de Dios, donde un tío abuelo materno suyo, Gains, era predicador. Estaba en East Tupelo, en la calle Adams, en una modesta casa de madera construida por el propio Gains que fue escenario de una anécdota profética recogida en un capítulo del Génesis. Se habla allí de un niño que se escabullía de los brazos de su madre, recorría el pasillo central y se subía a la tarima donde el coro cantaba los himnos. El niño no hablaba todavía ni entendía tampoco lo que decían las letras, pero permanecía junto a los coristas, de pie, mirándolos y siguiendo el ritmo de las canciones con entonados balbuceos. Muchos años después, algunos temas que contribuyeron a reforzar la fama de Elvis llevaban la impronta de aquellos recuerdos: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Amazing Grace&lt;/i&gt;, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Let Us Pray&lt;/i&gt;, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Peace in the Valley&lt;/i&gt;, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;He&lt;/i&gt;…&amp;nbsp; Todos ellos impregnados de Biblia y soul, pero con ese matiz vitalista y sensual del que el niño Elvis se empapó no sólo en el interior del templo de la calle Adams, sino en todo el East Tupelo."&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp; ("Zapatos de ante azul -la veranovela de un imitador del Rey-; III Parte, capítulo 5)&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-2391249896845004579?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/04/tupelo.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/--Fxtgu8IX2s/TbSOYm-T0dI/AAAAAAAAAJo/EgQLQH7E7R4/s72-c/tupelo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-4705556322347535200</guid><pubDate>Tue, 12 Apr 2011 09:37:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-12T07:55:50.268-07:00</atom:updated><title>Apuntes para una "Historia de la literatura a través de sus grandes holgazanes"</title><description>&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;strong&gt;Xavier de Maistre&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A veces me tienta la idea de escribir una historia de la literatura a través de las semblanzas de sus personajes y autores más gandules, pero la amplitud&amp;nbsp;de la nómina asusta y, aunque tengo algunos folios de índices, tablas y esquemas, me falta fuelle para tanta historia: demasiados vagos, demasiados abúlicos, demasiada molicie...&amp;nbsp;Como decía Bartleby, uno de los capitanes más subversivos de toda la haraganería, "preferiría no hacerlo". &lt;/div&gt;&lt;table cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="float: right; margin-left: 1em; text-align: right;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-AVLcfVEIaEM/TaImv3zu2-I/AAAAAAAAAJk/NmSL6pl5ubw/s1600/Serenity.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; margin-bottom: 1em; margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="229" r6="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-AVLcfVEIaEM/TaImv3zu2-I/AAAAAAAAAJk/NmSL6pl5ubw/s320/Serenity.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;"Serenidad", de Alexei Butirskiy&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Apenas un par de generaciones atrás la gente estaba más avisada sobre esa carcoma de la voluntad que transita desde las páginas de las novelas hasta una región ignota del córtex cerbral. La lectura de ficción era asunto de señoritas y, a menudo, una actividad furtiva. Los casos de don Quijote y de Emma Bovary, si bien sublimes en lo literario, eran ejemplos vivísimos de los efectos secundarios de la lectura. Baltasar Gracián&amp;nbsp;lo supo ver bien, por lo que desaconsejaba la de Cervantes, aduciendo que era cosa de pimpollos, lo mismo que silbar,&amp;nbsp; tocar la guitarra,&amp;nbsp;vestir jubón verde o hablar francés.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En tiempos de Goncharov ya no se llevaban jubones, sino levitas, y aunque no me consta que en el ropero de Oblómov las hubiera de ese color, queda fuera de duda que hablara francés y, lo que es peor, que su posición más&amp;nbsp;frecuente en la vida fuera la de una horizontalidad silbante. Con todo es justo reconocer que su holgazanería no le viene de su afición a las novelas, sino de su casta nobiliaria. Por lo cual nos resulta ajena y, desde luego, mucho menos perniciosa que la del&amp;nbsp;autor&amp;nbsp;del que voy a hablar hoy.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Xavier de Maistre (1763-1852), saboyano de nacimiento y ruso de adopción, fue militar, pintor y novelista, y debe su fama literaria al "&lt;a href="http://www.funambulista.net/2009/viaje-alrededor-de-mi-habitacion/"&gt;&lt;span style="color: blue;"&gt;&lt;strong&gt;Viaje alrededor de mi habitación&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;", que escribió durante un arresto domiciliario a consecuencia de un duelo. Se trata de una apología peligrosísima del enclaustramiento que, si no fuera porque hoy casi nadie lee, debería estar prohibida. A diferencia de la de Oblómov, que ya ve el lector que le va a abocar a la ruina y a una soledad triste, la holgazanería del protagonista del "Viaje..." deviene en una felicidad paranoide y un punto esquizofrénica. Además, no contento de convencerse de que su reclusión es un chollo, el hombre pretende no solo que el lector se lo crea, sino que lo imite -sin tener necesariamente para ello que pasar por el trámite engorroso de meterle un balazo a&amp;nbsp;fulano de tal en un duelo-. Dice: "Estoy seguro de que cualquier hombre sensato adoptará mi sistema, cualesquieran que sea su carácter y su temperamento&amp;nbsp;[...]; en la inmensa famila de los hombres que hormiguean por la superficie de la Tierra, no existe ni uno (me refiero a los que viven en habitaciones) que pueda, tras leer este libro, rechazar la nueva manera de viajar que introduzco en el mundo. [... ] ¡Qué todos los desgraciados, los enfermos y los hastiados del universo me sigan! ¡Que todos los perezosos se levanten en masa!" (cito de la traducción de Puerto Anadón en la extraordinaria edición de &lt;a href="http://www.funambulista.net/"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color: blue;"&gt;Funambulista&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;)&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Diríase que uno lee esto y lo que le nace es calarse el salakof y aventurarse por el pasillo de su casa en dirección a la cocina, a ver si tiene suerte y puede emular una de las grandes aventuras vividas por de Maistre: aquélla en la que durante&amp;nbsp;una intrépida preparación&amp;nbsp;de tostadas logró quemarse la mano con la tenaza de sujetar el pan.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A quien no haya leído el "Viaje..." tal vez le parezca un asunto menor, puede que hasta cómico, pero ahí está el meollo de la concepción dualista del hombre según de Maistre: "He notado, por diversas observaciones, que el hombre está compuesto por un alma y una bestia [...], la una tiene el poder legislativo y la otra el poder ejecutivo, pero esos dos poderes se contrarían a menudo. El gran arte de un hombre de genio es saber educar bien a su bestia para que pueda ir sola, mientras que el alma liberada de esa penosa relación, puede elevarse hasta el cielo". Teoría que resulta utilísima para explicar, por ejemplo,&amp;nbsp;el incidente de la tostada: "mientras mi alma viajaba, he aquí que un tronco ardiendo rueda por el hogar: mi pobre bestia echó la mano a las tenazas, y yo me quemé los dedos". Es como se ve una dualidad que recuerda a la del Doctor Jekill y Mr Hyde, de Stevenson, pero lo que allí es muerte y sexo, aquí café con leche y tostadas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Aún otra circunstancia convierte en extraordinario ese episodio (y de paso me mata de envidia): que durante los cuarenta y dos días que dura el viaje es quizás el único acto que se relaciona con la necesidad y el trabajo. Es decir, mucha alma y poca bestia. Apenas se sienta hoy uno en cualquier rincón a escribir cuatro líneas, cuando ya le asaltan las urgencias: hay que sacar al perro, se ha acabado el detergente para la lavadora, no hay nada para cenar en la nevera, la bombilla del pasillo está fundida... Pues nada de eso asoma por&amp;nbsp;allí.&amp;nbsp;¡Cuánto costará a algún buen lector encontrar&amp;nbsp;antes del realismo alguna frase del estilo "me voy a trabajar, que llego tarde"! La única referencia de este estilo que aparece en&amp;nbsp;esta obra de de Maistre es ofensiva. Estaba reposando&amp;nbsp;de no se sabe qué el viajero en su butaca, cuando un mendigo llama a la puerta para pedir limosna,&amp;nbsp;la perrita empieza a ladrar, aquél se sobresalta, cae de la butaca, hace acopio de fuerzas, se levanta e increpa así al mendigo: &lt;em&gt;"¡Vago! ¡Id a trabajar!&lt;/em&gt; (apóstrofe execrable, inventado por la cruel riqueza)".&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En el artículo sobre &lt;a href="http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/03/goncharov.html"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color: blue;"&gt;Goncharov&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt; ya leímos que la extraordinaria pereza tenía contrapartida: "Oblómov" y "El mal del ímpetu". En de Maistre ocurre igual, "El viaje alrededor de mi cuarto" y "La joven siberiana".&amp;nbsp;El enclaustramiento por un lado y Siberia por otro.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-4705556322347535200?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/04/apuntes-para-una-historia-de-la.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-AVLcfVEIaEM/TaImv3zu2-I/AAAAAAAAAJk/NmSL6pl5ubw/s72-c/Serenity.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7436002424561408843.post-6598841906524408741</guid><pubDate>Tue, 22 Mar 2011 17:59:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-03-22T10:59:20.950-07:00</atom:updated><title>Goncharov</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh4.googleusercontent.com/-StP-GUSsUD4/TYfZXs7KjPI/AAAAAAAAAJc/zyD1Jca-pEk/s1600/Goncharov.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" r6="true" src="https://lh4.googleusercontent.com/-StP-GUSsUD4/TYfZXs7KjPI/AAAAAAAAAJc/zyD1Jca-pEk/s320/Goncharov.jpg" width="267" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;"Oblómov" y el ímpetu&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En los lejanos años de mi adolescencia empecé a sentir una atracción hacia la literatura y geografía rusas que nunca me ha abandonado. Cómo y cuándo surgió es algo de lo que no estoy seguro, pero todas las prospecciones en mis recuerdos me llevan a dos novelas, curiosamente ninguna de escritor de aquella nacionalidad: "&lt;strong&gt;Miguel Strogoff&lt;/strong&gt;", de Julio Verne, y "&lt;strong&gt;Los horrores de Siberia&lt;/strong&gt;", de Emilio Salgari. En ellas descubrí la estepa, los bosques inmensos de abedules, las nieves perpetuas, las noches boreales..., el chasquido del knut y las distancias en verstas. Quizás estas fueron mis primeras palabras rusas. Luego vinieron "ucase", "samovar", "mujic"... y&amp;nbsp;otras, pero en&amp;nbsp;el contraste entre aquellas dos se encontraba ya la&amp;nbsp;oposición que&amp;nbsp;latía en las páginas de Verne y de Salgari: la&amp;nbsp;tiranía y el ansia de libertad: el látigo y el paisaje siberiano. Han pasado ya tantos años..., pero nunca he querido releerlas: prefiero el ardor y los sueños que despertaron en aquel adolescente a mi juicio resabiado de adulto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp; De mis siguientes lecturas rusas me detengo hoy en dos obras de Iván Alexándrovich Goncharov, vinculadas también a sendas palabras. La primera es "&lt;strong&gt;Oblomov&lt;/strong&gt;", de 1859, que gira en torno a las vicisitudes de un noble sensible, inteligente y rico cuya principal afición es quedarse tumbado en la cama pensando con gran perspicacia en los problemas que afectan tanto a su vida privada como a su hacienda y elaborando proyectos que nunca lleva a cabo.&amp;nbsp;Rescato de ella gracias a notas y subrayados de hace veinte años el siguiente fragmento, que corresponde a cuando Olga, la joven de quien está enamorado, abandona desesperada sus intentos por salvarlo de su indolencia enfermiza:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; "-¿Por qué había fracasado todo? -preguntó de pronto, alzando la cabeza-. ¿Quién te maldijo, Iliá? ¿Qué has hecho? Eres bueno, inteligente, noble, delicado... y ¡te estás perdiendo! ¿Qué es lo que te pierde? ¿Tiene nombre ese mal?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Lo tiene -susurró apenas Oblómov.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Olga fijó en él una mirada interrogante llena de lágrimas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Oblomovismo! -susurró él.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; (III Parte, capítulo XII. Editorial Cupsa. Traducción de Lydia Kúper)&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En el siglo XIX el oblomovismo fue un mal endémico entre la aristocracia terrateniente rusa, que Goncharov satiriza con ingenio y señala como una de las causas del atraso de su país con respecto a otros de Europa. Sin embargo hay algo en ese personaje y en ese mal que va más allá de tales circunstancias y que, cuando leía la novela, me inquietaba y replegaba mi sonrisa antes de que se extendiera entre ambas comisuras. Era una sospecha apenas insinuada, un vago temor que ahuyentaba con el mismo gesto torpe con el que se aparta&amp;nbsp;a una mosca de la cara: ¿tendría yo algo de oblomovismo en la sangre?, ¿sería contagioso? ¿o se contraería con la edad?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Con el paso de los años he ido respondiéndome de diferentes maneras a esas preguntas, y, cuando había dado con una respuesta que más o menos me satisfacía sin violentar demasiado mis sueños siberianos de adolescente, cae en mis&amp;nbsp;manos "&lt;strong&gt;El mal del ímpetu&lt;/strong&gt;", también de Goncharov, mucho más breve que "Oblómov", pero tan divertida y mordaz como aquella, de la que es el ying de su yan, y que me ha fastidiado inoculándome con su lectura la duda de si esta mania que me ha entrado de ir a Siberia a buscar setas no será un síntoma de que yo también padezco el mal del ímpetu.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La naturaleza de tal afección la presenta Goncharov en un inicio de relato magistral: "¿Han leído ustedes, muy señores míos, o por lo menos han oído hablar de ese extraño mal que antaño padecieron los niños tanto en Alemania como en Francia y que no tiene nombre ni ha quedado registrado en los anales de la medicina? Se trataba de una dolencia que creaba en ellos la necesidad imperiosa de subir al monte Saint Michel (creo que en Normandía)". (Editorial Minúscula. Barcelona, 2010. Traducción de Selma Ancira).&lt;br /&gt;&lt;a href="https://lh4.googleusercontent.com/-AkGsj117XHY/TYjiBnI5zhI/AAAAAAAAAJg/93yv6ER9sc8/s1600/mal+del+%25C3%25ADmpetu.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="https://lh4.googleusercontent.com/-AkGsj117XHY/TYjiBnI5zhI/AAAAAAAAAJg/93yv6ER9sc8/s320/mal+del+%25C3%25ADmpetu.jpg" width="230" /&gt;&lt;/a&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp; En su historia los afectados son los Zúrov, "una familia irreprochable, fina y culta" de Petersburgo que &amp;nbsp;somete a sus allegados a una pasión perversa por las actividades al aire libre y, en especial, por las caminatas interminables. A diferencia de lo ocurrido con "Oblómov", la excentricidad de los Zúrov no ha derivado en el sustantivo "zurovismo", quizás porque el mal del ímpetu está tan extendido que ni siquiera tenemos conciencia de su condición patológica. Sin embargo, a finales del XVIII y principios del XIX a ojos de cualquier persona decente resultaba tan llamativo como la viruela. Una nota a pie de página a la cita de un "Folleto científico sobre los estragos del cólera en Moscú" que encabeza el relato no deja dudas al respecto: "Christian Ivánovich Lóder (1753-1832), médico personal de Alejandro I, fue el fundador en Moscú de una clínica de aguas termales artificiales en las que se aplicaba un novedosísimo sistema de curación. Además de beberse las aguas minerales y bañarse en las fuentes de aguas termales, los enfermos debían realizar ejercicios ligeros al aire libre. El espectáculo de aquellos nobles endomingados que circulaban sin ton ni son a buen ritmo por las veredas de los jardines de la clínica, suscitaba la curiosidad de la gente del pueblo que, embobada, pasaba largas horas observándolos desde la verja del jardín. Desde entonces el apellido del médico pasó a ser en ruso un sustantivo que significa &lt;i&gt;holgazán, haragán&lt;/i&gt;."&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7436002424561408843-6598841906524408741?l=www.zapatosdeanteazul.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://www.zapatosdeanteazul.com/2011/03/goncharov.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo Signes)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='https://lh4.googleusercontent.com/-StP-GUSsUD4/TYfZXs7KjPI/AAAAAAAAAJc/zyD1Jca-pEk/s72-c/Goncharov.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></item></channel></rss>
